Si no hubiera fumado, nunca entendería mi relación con el viento. Con el fuego.
Con mi mano, forzada y moldeando un cuenco cerca del Alisio. Como el gesto de un autómata.
No sabría que aquel acto era íntimo y tan habitual.
No me sorprendería con su utilidad y eficacia; y no llegar a amarlo hasta miles de fuegos después.
No entendería cómo mirarían mis ojos ese fuego tan cercano.
O la espera —sin necesidad— de ese instante veloz sin darme ni siquiera cuenta.
Carlos Guimeráns
5 jun 2025
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