Las madres sueñan
con baños sucios
y cadáveres de amigos conocidos,
sueñan con fiestas, supermercados,
sueñan que bailan
con su sombra,
abriendo el pecho y descalzas,
en algún pueblo africano.
Dura poco el episodio.
Despiertan en la madrugada.
Las madres ya no pueden dormir,
entonces piensan
en los pasillos oscuros de la casa,
les da miedo.
Se aguantan las ganas
de ir al baño,
se colocan en posición fetal,
aprietan la frente
a la almohada,
cierran los ojos,
se aferran a los bailes africanos,
al cuerpo haciendo jirones al viento.
El aire, dicen, si se inhala,
da un bocado de soledad.
La música, también dicen,
es un apretón de manos de la vida.
Las madres recogen
las ilusiones de sus sueños,
se tragan la idea de libertad
antes de que sus hijos despierten.
Sienten su cabeza amarrada a un ladrillo.
En: Wintu
Ediciones Liliputienses
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
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