Si
nos encargamos
del agua,
la inmensidad
de una gota
será el reino
que la vivisección
narró y encubrió
a la manera de un mal sueño
o una fractura de fémur.
No hay distancia
estimada
entre esos
peces, huevos
o moluscos
que se justifican
con manos fraternas
abominando
el disimulo molecular
y sus intrínsecas dificultades
de expresión
sean orales, epistolares o químicas.
Un culpable es Galileo,
el otro, Juan Moreira,
ansioso de gloria opacada.
- Inédito -
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