Tu infancia puede ser un vasto eco
Los
caminos que hacen las hormigas, el zumbar de las abejas, la luz que se
astilla en unos vidrios... Un pájaro muerto incluso y el delirio de los
crotos. Todo reverbera. En el prodigio de un mundo indefinido.
Sin sombras de duda el mundo es nada
De
ese sauce, por ejemplo, cae, como lluvia, una pregunta invisible. Y en
la orilla y su resaca se mece una pregunta cristalina. Y en los juncos
encimados una pregunta cortante se agudiza. Y otra más. Y detrás de cada
una, insidiosa y transparente, la pregunta que podría valer como la
madre de todas las preguntas: ¿de qué manera vas a responder?
Poetas que regresan a la patria de la infancia
Los
trasnochados que nos invitaron nos dan las buenas nuevas: no habrá, en
breve, viáticos, a raíz de una serie de rencillas intestinas, y en el
único hotel disponible ya no hay plazas vacantes. ¿Puede la crasa
realidad local hacernos mella? Hablaremos positivamente ─incluso con
afecto─, a lo largo del día, de todo lo que crece en nuestra íntima
geografía: plantas, animales y seres humanos. Con la caída del sol, una
señora que confiesa haber conocido a papá en su juventud reconoce que
soy muy parecido, pero advierte que él era más alto. La contradigo,
sonriendo, argumentando que yo era un centímetro más alto que papá. Mido
un metro ochenta y seis centímetros. Pero la señora, con gesto de
desaprobación, prefiere dar por terminada nuestra charla. Leemos,
finalmente, nuestras cositas, para estudiantes secundarios que bostezan,
custodiados por sus profesores de Lengua y Literatura. Mientras
comemos, poco después, un choripán, envueltos por la bruma nocturna de
la pampa, imaginamos factibles maneras de volver a nuestras vidas. Que
no se nos juzgue mal. Nosotros solo vinimos a devolverle al pueblo la
memoria poética que le pertenece.
El gran miedo
Como
si el Diablo hubiera logrado juntar los hilos sueltos de tu miedo, en
las tormentas del campo se enredaban los rayos, truenos y refucilos, el
viento, la oscuridad ─que el débil tendido hacía inevitable─ y tu
aversión a los faroles de gas. Ojalá, mamá, que a los espíritus no les
den miedo las tormentas. ¡Que tuyo sea para siempre el desastre de la
luz!
Barnacle,
Buenos Aires, 2021
(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible)

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