domingo, 12 de septiembre de 2021

Carlos Battilana (Corrientes, Argentina, 1964)

 

 

LO ABRAZA

 
Atrapado
hundido en ese punto de dolor
situado en la tercera vértebra
de su espalda
concentra
—a través del vidrio—
su mirada en el hijo vencido
que aplaude y llora en el jardín
 
ya, muchas veces, quiso salvarlo
abrazar su cuerpo
llagado de marcas
y lastimaduras
autoinfligidas
pero no...
 
como si la vida, como si su vida
fuera un tonel sin fondo
un torrente interminable
 
como si ese punto físico de dolor
situado
en la tercera vértebra de su espalda
fuera una transmutación,
un hilo
que une todas las cosas
que llamamos “lo incomprensible”,
como si ese punto físico situado en la tercera vértebra de la
/espalda
soportara
los males del mundo
mira, otra vez, a su niño grande
lo abraza lo acaricia
recibe ese instante
con el peso de lo que no puede
ya salvar ni sostener.
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NOCTURNO
 

Liviano ante las ruinas de este jardín,
el aire
que atravesó ciudades y ríos
roza la superficie. ¿Qué
fatiga, qué bellísima fatiga
nos disuelve?
 
En esta tarde de junio
de un cielo plomizo
dejo atrás lo que viví,
y el escaso margen que queda,
el frío
es
-sabemos-
una llama blanca
que encenderá una letra, una voz y
una caligrafía
con que se pueda escribir
eso que cada uno,
a su modo,
conoce:
 
que las horas y los días,
que las lluvias torrenciales
son apenas
hechos pasajeros
 
que más allá
de sus destrozos,
los temporales pueden dotar de fuerza
a los seres
inmersos
en su estruendo
 
y que el olvido,
que todo lo arrasa
y todo lo ve,
no tiene fin
 
que, a pesar de todo,
las tempestades
pueden volverse benignas
como animales nocturnos
disolviéndose.


(Fuente: Meta poesía)

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