Oh rebaño feliz, que en tu reposo
Ignoras, según creo, tus miserias,
¡Cuánta envidia te tengo!
No sólo porque te halles
De anhelos casi libre,
Todo extremo temor muy pronto olvides,
Sino porque jamás sabes del tedio.
Sobre la hierba echado, y a la sombra,
Estás quieto y contento,
Y del año gran parte
En ese estado empleas sin enojo.
Yo me siento a la sombra, sobre el prado,
Y me embarga el hastío
La mente, y una espina se me clava
Cuando, sentado, más que nunca estoy
Lejos de hallar sosiego.
Y aún así nada ansío,
Y no tengo hasta aquí razón de llanto.
Cuántos tus goces sean
No sé decir, pero dichoso eres.
Yo pocos goces tengo,
Mas no me quejo de esto sólo, ¡oh grey!
Si hablar supieras, te preguntaría:
Dime, ¿por qué yaciendo
Despreocupado, ocioso,
Todo animal disfruta
Y yo cuando descanso siento el tedio?
(Fuente: Albert Caraco)
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