sábado, 19 de septiembre de 2020

Carlos Vitale (Buenos Aires, 1953)

 

 

Ítaca

Y si he llegado,
¿qué haré de mí? 
 
 

Acrópolis

Despacio.
Seguirá allí
cuando llegues.
A los siglos
no inquieta
tu ascendente
miseria.
Resopla, pues,
y calla.
 
 

Lateral

Un aire gris,
algunas fotos,
ciertos amores,
ritos, paisajes,
ni una lágrima,
algo parecido
a la felicidad.
 
 

Ocurre

Ocurre, lo dices, lo vives, revives.
Ocurre, no lo dices, lo olvidas.
Ocurre, no lo dices. 
 
 

Réquiem

Al final
sólo queda
una dirección
que borro. 
 
 

Pepe Barroeta dice que no dice

El don
de la palabra
no es
un don,
es apenas
arder
en el propio
fuego,
abrasarse
hasta que la mano
dibuje
el vasto
signo
de la desolación. 
 
 

Il miglior fabbro

De tallos de metal
florecen alas.
 
 
Limoges

Las ramas
arañan
el río
con dedos
atónitos. 
 
 

Neuchâtel

No te fíes
de la alianza del lago. 
 
 

Otra vuelta de tuerca

Y nada más que sed
y vasos rotos. 
 
 

Risas de cocodrilo

No te engañes.
El de la foto
tan sonriente
ya era infeliz
(tú lo sabes,
bien que lo sabes).

Contémplalo ahí detrás,
público o comparsa,
borroso
incluso en primer plano.

Sonríe
aunque esté muerto.

Si le pides
que se adelante
no da sombra.

Convéncete:
sólo la sombra
no da sombra. 
 
 

El estado de la cuestión

Has parado la noche, pero me has negado el día. 
 
 

Jornada

Tú, de pie, desnuda en la penumbra.
Tu espalda es el arco del conocimiento.
Desde la cama, observo y espero.
Cuando te vuelvas me dirás quién soy.
Sin otra luz que mi deseo. 
 
 
 
 
 
 
(Fuente: Alpialdelapalabra)

 

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