sábado, 12 de septiembre de 2020

Ashle Ozuljevic (Chile, 1986)



Un poema de Botánica



Dejarle la flor a la planta
permitir que se transforme en fruto
sabiendo que eso detendrá su crecimiento
hacia dimensiones magníficas
ramificándose hasta invadir todo
jardín y continente

transformar el ardor en plena avalancha, hacer
que el amor inhiba su crecimiento para que mute
desde la euforia del deseo
a la energía latente y contenida del botón
dejar
que a su ritmo se vaya abriendo pétalo
a pétalo
el germen de quizá qué

observar que el pecho encuentra sosiego
bajo la luz oceánica
sin viento ni sonido ni movimiento                                                  siquiera

verlo venir entre la marea
de yerbas que pinta el monte
distinguir su gozo cobijado
en la certeza de calma

suave inmersión
en la dicha húmeda de la selva
oleaje o mujer

sonríe atravesado por la luz de la costa
sus ojos vegetales contactados conmigo
entre la espesura de algas y muscínea

reafirmo:
dejarle la fruta al talo
y a su geotropismo negativo
confiar
así lo designan los meristemas apicales
preferimos siempre frutales
a eudicotiledóneas arbóreas

permitir que lo voluptuoso
que el mareo libidinal
caiga cual hoja seca para abonar los brotes tímidos
que a su ritmo van tanteando el solcito que baña el puerto
la   calma   al   salir   de   la   rompiente   para   yacer   en   la   arena

albor ultramarino
hey
el tiempo cesa
y enmudece
bajo la ola

hundidos
suspendíamos la superficie por cuarenta y ocho horas
acostumbrados a crecer en el diluvio
los pterocarpus officinalis

la humedad que le dejaba sobre el pecho
en esa habitación de cara al Pacífico
el torrente de mi semilla
cuando desde dentro
sentía aproximar
la suya
mientras me pedía
que lo riegue
que lo empape
que lo inunde.




Botánica

Ediciones Liliputienses


(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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