Segundo viaje
La razón es un
drone de reconocimiento tiempo-espacial
Aunque no sean los de
Akira kurosagua
Voy a escribir sueños
Y sobre ellos;
Voy
A esparcir los tentáculos de algunos recuerdos
que a veces suelen
ser los míos, pero al revés.
Empezaré por decir que soy un sueño
Y que reviento en deseos y deseo
Que me proyecto como la pirotecnia
y las termitas
en el cuerpo de la constelación Hipopotomonstrosesquipedaliofobia
ese miedo a la palabra extensa y sin sentido;
lo
que pasa es que
en esto de la poesía
no hay nada escrito.
Al caer el día
Ése que se parece más a la noche
Cuando la
noche es tan oscura como el corazón Cuando el corazón es tan atómico como un
hongo Cuando un hongo es un sueño infectado de sombras Por que las sombras Las
sombras incendian al sol para explorar un nuevo espectro como el pez que se
ahoga en el estanque y busca lagos y ríos en el vuelo de los pájaros que surcan
su espacio aéreo Porque uno se da cuenta que el día no se sabe qué es.
Entonces
Aparecí cuál cuerpo celeste y luminoso
En una plática luminosa
Con una amiga repleta de neón y figuras y orbitas
En un vagón de tren
Con rumbo al horizonte;
Íbamos rápido
No importando
que afuera
Todo parecía ir a una
velocidad generosa,
Veía el césped violento
Y las llamas de un sol inofensivo
Algunas piedras se confundían con los cerebros recién lavados por la
conciencia
Vi recuerdos
Correr tras el tren que habitábamos tiernamente
(a unos pocos recuerdos solamente)
Iban como saludando - esperando algo de mí,
Pero yo no entendía su lenguaje
Porque hasta entonces no sabía distinguir
La lengua materna de un vientre tibio y puro;
Les lancé un beso
Y también quise darle un beso a mi amiga
Pero ya no estaba en el vagón,
Cuando devolví la mirada a su espacio
Se había ido
Y sin embargo
Era como percibir su energía con receptores de luz otros
Ella indagaba en mí, siempre
Como si se tratase de una operación a distancia
Ella era el infinito en el espíritu y yo entendía que no se veía, pero
permanecía:
como el infinito.
Ella no estaba
tampoco la ventana
el sofá
los corpúsculos de la luz
junto a los cuales, le contábamos las palabras y las sombras a la frase:
“hasta
el fin.”
Todo
dejaba de ser
Se desvanecía de delante de mí
Pero yo no
caía mucho en la cuenta de eso
Hasta que todo
Ya sólo era una habitación blanca
Repleta de luz blanca,
Con paredes
Y techo
Y suelo de colchón a cuadros
Y una puerta justo detrás de mí
donde
mi espalda hacía movimientos espirales,
Mientras permanecía sentado
Entre la puerta y el suelo,
Y la vista, también blanca
Frente a mí
Era una
pradera hermosa
Con un árbol
hermoso,
Y bichos
hermosos
Y ramas
hermosas
Con bombillas
encendidas,
Y
pequeñas orugas
Que
son la parte abominable del miedo…
Un cielo errático y nubes de cromo
Dando rienda suelta a la imaginación
Y las formas
La ideoplastía de nuestros cuerpos y espíritus
jugaban al amor
nubes dialécticas
chistes locales y
desprecio por todo lo demás que no estuviese en nuestro camino…
No veía mi rostro
Pero sabía de mí y de la existencia en pixeles,
Sentado y recostado,
Y parecía que alguien fumaba
Pero era que una polilla se había comido un incendio,
Todo
era esa incertidumbre de estar bien
Por algún motivo ininteligible y
No sabía qué hacía allí
Pero no importaba porque mi mente se puso a divagar
Como cuando uno se distrae que es lo mismo
que concentrarse en otra cosa:
La mirada en el árbol,
La mirada
En el árbol,
La mirada en el árbol,
La mirada en el precioso árbol:
Y
existí en un salón enorme
Con
mucha gente
Mucha
Y me vi allí
Rodeado y extraño
Y por un instante era el cuarto acolchonado
Y
verme sentado
Y
verme recostado
Mientras sentía el tibio
abrazo de una camisa de fuerza;
Por un instante,
Era un fotograma incrustado en otra secuencia que empieza ya:
Recordé que mi naturaleza era el salón
Y me preocupé por mi amiga
No supe qué decir
Y no sabía qué iba a pensar ella de mí
Entonces la vi
Llorando, y hermosa,
Lloraba una briza escarchada
Pero no entendí por lo que pasaba,
Proyectaba la ternura del cariño acumulado
Capaz de inundar la osamenta de románticos o exploradores buscando hogar,
Usaba un vestido
Con sus tirantitos
Y un listón abrazando su cintura,
No supe qué hacer o pensar
Estaba atrapado
Y ella parecía molesta,
Era la poesía disgustada conmigo;
Y me acerqué como quien se acerca a una orquídea
tan hermosa como misteriosa
Y quise preguntarle por toda esta gente
Y me acerqué,
Entonces la vi, tan serena
A gusto
Deseable
Coqueta,
Y no quise inquietarla por la lluvia;
Nos sentamos con la intensión de una plática
sin embargo
Observamos
nuestros oasis y desiertos
Y en el vagón veíamos el cenit, tan parecido a nuestro nadir
Y creíamos que los minutos eran pompas de jabón;
Jugábamos a atraparlas
Y reventar
Con el atrevimiento todo de nuestras huellas
Su fe y opulencia,
Toda para nosotros.
Y como si además, dentro de ellas
También reventara la alegría;
Reíamos, cada vez que hacían:
Plig
Plog
Plag
Pug
Reíamos
y nos configurábamos en cada
gesto.
Plig
Plog
Plag
Pug
Ella que es como un sueño hermoso
Me cuenta sobre un sueño recurrente,
Me ve
Por un instante que dura lo necesario
para darme cuenta
que tuvo la razón todo el tiempo,
Cuando me mostraba, con todos sus sentimientos
con todo su cuerpo
Con toda su aura que es la energía en todas sus otras luces
-porque la poesía es eso para quien se entrega a ella-
Lo elemental de su presencia
Por un instante.
Era un fotograma incrustado en otra secuencia que empieza ya:
¨siempre voy cuando está atardeciendo
o de noche,
-me dice-
Estoy en la entrada de un hospital,
de una calle larga,
y lo que se divisa al final
es un teatro
y luego dos calles;
la de la derecha va hacia un carnaval
y la otra es bien oscura y nunca he entrado…¨
Por cierto
-le escuche continuar-
Yo te vi en ese carnaval
Y yo te entendía
Y estábamos juntos
Pero no me acuerdo qué hacíamos,
Y nos desvanecíamos
Así como cuando vos te desvanecías en la infancia…
Entendí entonces que ella tenía razón nuevamente
Y que no era tan sólo mi amiga
Sino la mejor
El amor de mi vida;
Aunque eso lo sabía desde que todo empezó a nacer,
Y de repente
El tren rasguño un poco el sol
Y todo se llenó de luz
Una luz transparente, una luz ensangrentada de asombro y aspiración;
El sol sangraba
Y hay unas galaxias que balbucearon unas con otras:
“qué triste…
Este sueño es como la
parte romántica del volcán.”
Entonces todo se tornaba de un color de pesadilla
Algo así como los sueños insanos,
Y recordaba que no eran míos esos misterios,
Sin embargo
Comprendí que no iban a parar por condescendencia
Y la terquedad a no desconocer mis fragilidades
Cosa que en verdad forma mis reales fortalezas.
Hay unas galaxias
Y el sol pululaba de nostalgia y dialectos
Ella no estaba más
Y el tren no avanzaba,
Quedé varado;
Caminé por un pasillo angosto, algo oscuro
Con las paredes teñidas de un color ocre,
Como el color del insomnio
Según recuerdo,
E iba avanzando
E iba sintiendo nostalgia por mi amiga
Y no sabía dónde estaba,
Empezaba a sentir sospechas como reclamos
Un poco de temor,
Y vi personas en camas de hospital
Suspendidas por palancas parecidas a termómetros
Midiendo el nivel de in sanidad de sus ocupantes,
Y algunxs estaban sentadxs en las orillas de las camas, incendiadxs de
adormecimientos y temores
que es lo mismo pero al revés.
Otras camas aún quedaban vacías y tocaban directamente el césped;
El césped
Que era verde y hermoso
Como los arco iris recién inventados,
Pero en todo surgía el aspecto de la tristeza,
Y recordé lo que observaron las señoras galaxias
Hacía sólo unos cuantos poemas.
Y de las camas
Entre el neón engañoso, de la oscuridad ésa del espíritu
Una ventana aparecía como una colmena
A la que hay que sacarle abejas
O a las abejas aguijones
Para despertar al corazón,
Que es la fisura del tiempo cuando está en reposo,
Y me creí con el sabor de la enfermedad en lo que percibía de mi cuerpo;
Acontecí en otro sueño
A 44 grados
Ardiendo bajo cero,
Y sentí la sangre correr tanto
Que producía imágenes llenas de luz negra,
Y había un parque
Y perseguía demonios allí
En medio de un laberinto de medusas y árboles,
Las cosas continuaban ocres
Parecía ser otoño
Aunque el césped aún era violento
Y tan verde
Y misterioso y hermoso como un abismo
O los químicos;
Pero yo,
Yo perseguía demonios
E intentaba alcanzar a uno de ellos
Mientras otro trataba de atraparme a mí,
Y el uno subía por una baranda
Como las que se construyen a la entrada, en los pueblos,
En sus casas
(me acordé de eso
Pero iba muy aprisa
Y entonces dejé ese
recuerdo y la comparación
Sentados al lado de
una fuente, como quien deja una escultura del poema en algún espacio, para que
la aprecien otros, o se derrita bajo el sol y la ensucien los pájaros).
Corrí
Y dejé lo que debía dejar, sin perder el tiempo;
Vi al uno subiendo por la baranda
Y saltar al otro lado de ella;
vi que se le quebró una rodilla al caer
Y me apresuré a sentir miedo por primera vez
Al ver al otro subir
Intentando atraparme,
Él ascendía por la baranda de troncos secos,
Pero yo; avanzaba nunca y
me cansaba del mucho intentar; como cuando uno se cansa sin la
vendimia, o se cansa del dramatismo que
nada tiene que ver con la cotidianeidad; y se quiere entonces, algo del
sarcasmo y la ironía de Roberto Sosa y Rigoberto Paredes, en la poesía nuestra
de cada día, pero sólo se encuentra algo que nace de la víscera y a uno le
parece la obra que salvará al mundo; por eso es que se lee a Livio Ramírez y a
José Luis Quezada, sin embargo hay cosas sobrenaturales y Nelson Merren, por
eso este manifiesto busca desafiar mi sustancia y mi ausencia cuando ya
no exista mi fortaleza. Como cuando
yo cazaba demonios pero también ellos jugaban al salvajismo con mi obra, y
entonces el camino se disolvía y temía el miedo de la parsimonia; quería llegar
al en ramaje de la manifestación, pero uno de los demonios quería lo mismo que
yo y no se daba cuenta de lo mismo que yo, entonces; yo era el demonio, pero él
era otra cosa menos yo, porque yo ya no sabía qué estaba haciendo en esa serie
de sueños y desesperaciones; entonces lloraba de ternura y temor. No sabía de
mi amiga y no sabía de su amor que tanto me apasiona.
Pasó una
eternidad,
Seguíamos olvidándonos
Pero seguíamos luchando también por no desconocer la anatomía de los
cadáveres nuestros, como quien desargumenta un cubo Rubick intentando armarlo.
Vi al demonio primero, cruzar la cerca y saltar al otro lado de mis miedos
Emprendiendo la huida con la rodilla des configurada,
Y yo, avanzaba nunca
Mientras el otro desde abajo, sediento de basura poética, luchaba por tomar
mi tobillo y devorar mi obra,
pero también parte de mi espíritu
Y me sentí cansado
Y comencé
Por desesperarme
Entendí entonces que el peor dolor es el cansancio espiritual;
Y avanzaba nunca
Y avanzaba nunca
Pero no me rendí ante el holocausto del sueño
Que suele ser el paraíso del hambre,
Empecé a sentirme como un sueño nuevo
Y sentí esperanza por la forma del mundo
Y recurrí al olvido para aprender a recordar;
Me vi
En un bus lleno de pasajeros atravesando el bosque,
Y ahí estaba mi amiga
Como cuando el amor de la vida te salva de lo ignominioso;
Entonces los dos nos miramos a los ojos en voz baja
Y coincidimos en insinuarnos:
¨Despierta….¨
(Fuente: Bitácora del Párvulo)
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