viernes, 11 de septiembre de 2020

Manuel Morales (Iquitos, Perú, 1943 - Porto Alegre, Brasil, 2007)




Muerte de la prostituta Talhulhah Ricketts en Tewcka

 


Para mis hermanos Oswaldo Reynoso,
Miguel Gutiérrez, Tulio Mora y Jorge Pimentel


Talhulhah Ricketts murió en abril
Dejada de lado en sus amores por el obispo de la ciudad
Quien la canjeó por dos mancebas
Que juntas sumaban su edad. Talhulhah
Ricketts murió en abril, espantando
Con su espanto las hirvientes palomas del otoño.

Entre la vida
Y el cielo la lluvia pudrió el imán de la cólera con desazón
(la caridad es una mujer flaca en sutiles velos sueltos
llamándonos a la salida de un velorio deshabitado).

Coquetas lechuzas sonámbulas rodearon su féretro
Y el rocío de la mañana
Le cubrió de sombras su ondulada cabellera azul
En cuanto el caballo del remordimiento -insomne bruto
No se dejó oír por la sarnosa trompeta de la memoria.

Talhulhah Ricketts bebió brandy con arsénico.
En su soledad llena de pájaros cenizos y acribillados, Talhulhah,
Con su lengua ennegrecida, colgada, quedó en la margen izquierda
De la pobre tierra defenestrada y sin lugar a olvidos;
Estéril destino asesinado doblemente por un intenso
Y arrugado viento viejo azotando como un canalla
Las calles repletas de intestinos ahuecados, conduciendo
Las pobres aguas putrefactas de la ciudad y sus efluvios
A las acequias donde el recoleto Caronte toca su bandolín siniestro
Y su perro regaña a quien descarna los tobillos de la duda.

Talhulhah Ricketts murió sin piar.
Las altas damas de la sociedad pintarrajeadas y talqueadas
Como indios, balbucearon:
“La más bella prostituta,
Cambiada por nada dio en eso, el primer
Suicidio en los últimos ciento veinte años en Tewcka”.

La caliente luna subiendo las barrosas escaleras del río
Atolondrada quemaba sus vestes por el castigo infligido a su magnolia.
¿A quién transferir ahora el halo perdido de la rumba
Exorcizada en la pista de danza por Talhulhah? ¿Por qué
El desprecio la afligió con sus vinos gordos
En malos pensamientos? ¿Por qué la muerte estupra
Sirenas de la noche con cobardía?

Talhulhah Ricketts murió en abril
-¿Será el mes más cruel?–
De loco y fermoso amor
Como un navío de piratas alucinados, cronometrados
Por el reloj geológico de la desgracia. Una parva tristeza
De extraños contornos, alta como la nieve alta,
Escurría de sus ojos cubiertos de tierra oscura,
Más alta todavía que las escalinatas de su sinuosa melancolía.

Y los rende-vouz cerraron sus puertas
En su homenaje, antorchas a medio palo
Socavando las quimeras, el fuego del instinto. Y ojos
Que nunca oyeron sangrar gacelas al rumor de una densa
Garúa debajo de un trágico viento de hayas indignadas, sintieron
El frío que hiede en un canto del desorden de nuestro entendimiento,
Mascando dedos y huesos y vulvas sin raíces,
Quemando los cristales de la ausencia, por Talhulhah.
¿Vieron ustedes alguna vez llorar a un rufián apasionado?

Del alto púlpito de ébano, magnánimo y cordial
El obispo todavía sentenció que no iba a excomulgarla.
¿A quién pertenece la vida,
A quién los despojos de los seres intensos
Huyendo de los cuervos? -dice retórico, vaticano,
Mirando para el infierno de su conciencia e intuyendo menguadas
Uvas al sol y colinas y muslos rozados
Sobre la opaca piel de la hierba triste y ya sin amor.
Con ademanes propios del fin del siglo XIX
“Es inconcebible -cuchichearon las altas damas cariadas
La más bella prostituta sucumbir de amor”.

Talhulhah Ricketts murió el 20 de abril
De 1953, a los 34 años de edad.
Su sombra de eterna dudosa muchacha
Es más alta que ella misma,
Una humilde paloma en celo
De cuclillas, llorando exfoliada en medio de la lluvia, los tambores
y el otoño.



De Trapos líricos, Selecc. y trad. del portugués, Tulio Mora

 

(Fuente: Vallejo & company)

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