martes, 15 de septiembre de 2020

Lelé Santilli (Armstrong, Santa Fé, Argentina, 1952)



Me lo venía diciendo de distintas maneras,
pero todas tenían tanta religión
melaza engrudo ocultando a mis ojos
la moralina propia y ajena
que no me daba cuenta
-no escuchaba-
el deseo empastado bajo el cuerpo
de violación y abuso, negado hasta cansarme
masturbada. Pienso
de cuánto glorioso placer –propio y ajeno-
me vine deprivando, acabando
casi seca todo el tiempo
que hasta duele. Pero también
es cierto que sublimo
como una perra en celo
y me la paso haciendo cosas que me dan
placer al óleo, o tinta
o cuanto material me pase por las manos.
De eso no me privo, no. Sin que importe
demasiado el resultado. Sólo el placer.
Y sigo.







                           a FM, en el día de su cumpleaños

Luz perfecta a las seis menos cuarto:
sol y frío, un atardecer
tardío para fines de Julio. Con la
estufa al mínimo, visto
de otoño en casa, afuera
es el invierno. Tengo sesenta y siete
años, todavía,
muy pobre y mirando la pandemia
con atención de vieja, con la salud
mediocre de los crónicos. Amo la vida.
Me da pena perderme el mercado
de Bangkok, el de pescados en Japón,
y algunas joyas de museos o
paisajes, el sur de China, y
cientos de animales. Me conformo
con tres canales
de mi televisor pequeño y viejo, pero
con mis dos gatos y unos cuantos
humanos, hago de cuenta
que esta vida es muy plena. Y doy
gracias. Cada día
doy gracias. 








                       Para Eva Y DJ

Ellos no son de mi sangre. Son
lo mejor de mi vida. El amor
hila sus fibras
y de esas cuerdas nace
el universo. Por ellos
ya soy eterna. Por ellos
han surgido mundos nuevos
donde habita la esperanza.








(Fuente: Blog del amasijo)


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