martes, 8 de septiembre de 2020

Jaime Sáenz (La Paz, Bolivia, 1921 - 1986)



IV

Los grandes malestares causados por las sombras, las visiones melancólicas surgidas de la noche,
todo lo horripilante, todo lo atroz, lo que no tiene nombre, lo que no tiene porqué,
hay que soportarlo, quién sabe por qué.

Si no tienes qué comer sino basura, no digas nada.
Si la basura te hace mal, no digas nada.

Si te cortan los pies, si te queman las manos, si la lengua se te pudre, si te partes la espalda, si te rompes el alma, no digas nada.

Si te envenenan no digas nada, aunque se te salgan las tripas por la boca y se te paren los pelos de punta; aunque se aneguen tus ojos en sangre, no digas nada.

Si te sientes bien no te sientas bien. Si te quedas no te quedes. Si te mueres no te mueras. Si te apenas no te apenes. No digas nada.

Vivir es difícil; cosa difícil no decir nada.
Soportar a la gente sin decir nada no es nada fácil.

Es muy difícil —en cuanto pretende que se la entienda sin decir nada,
entender a la gente sin decir nada.

Es terriblemente difícil y sin embargo muy fácil ser gente;
pero es lo difícil no decir nada.

Recorrer esta distancia.




VII

En el extraño sitio en que precisamente la perdición y el encuentro han ocurrido,
la hermosura de la vida es un hecho que no se puede ni se debe negar.

La hermosura de la vida,
por el milagro de vivir.

La hermosura de la vida,
que se da,
por el milagro de morir.

Fluye la vida, pasa y vuela, se retuerce en una interioridad inalcanzable.
En el aura de los seres que transitan, que se hace perceptible con un latido,
en el viento que vibra con el ir y venir de los seres,
en los decires, en los clamores, en los gritos, en el humo
—en las calles, con una luz en la paredes, unas veces, y otras veces, con una sombra.

En ese mirar las cosas, con que suelen mirar los animales;
en ese mirar del humano, con que el humano suele mirar el mirar del animal que mira las cosas.
En la hechura de la tela,
en el hierro que el hierro es hierro.

En la mesa,
en la casa.
En la orilla del río.
En la humedad del ambiente.
En el calor del verano, en el frío del invierno, en la luz de la primavera
—en un abrir y cerrar de ojos.

Rasgando en el horizonte o sepultándose en el abismo,
aparece y desaparece la verdadera vida.

Recorrer esta distancia.





(Fuente: Poetas del Fin del mundo)

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