miércoles, 16 de septiembre de 2020

Jack Gilbert (EEUU, 1925 - 2012)



El peligro de la sabiduría 

 

Aprendemos a vivir sin pasión.
A ser razonables. Pasamos hambre
en el granero enorme
que es el mundo. Acopiamos
para volvernos plácidos y viejos.
Por nuestra propia fortaleza, nos quedamos sin nada.
Como Keats, que le hizo caso al médico
que le dijo que lo mejor para
la tuberculosis era comer una sola
rebanada de pan y un pedacito
de pescado por día. Keats se mató
de hambre porque anhelaba con desesperación
hacerse un banquete con Fanny Brawne.
Emerson y su esposa decidieron hacer
el amor con austeridad para que la pasión
de él se acumulara. Nos enseñan a ser
moderados. A vivir con inteligencia.






A solas 

 


Nunca pensé que Michiko iba a volver
de la muerte. Si pasaba, sabía
que se me iba a aparecer enfundada
en un larguísimo vestido blanco. Es extraño
que haya reencarnado en la dálmata
de alguien. Me encuentro con el tipo
que la saca a pasear con su correa
casi todas las semanas. Me dice buenos días
y yo me agacho para tranquilizarla. Una vez
me dijo que ella nunca era así con otra gente.
A veces está atada en el jardín
cuando paso. Si veo que no hay nadie,
me siento en el pasto. Cuando se calma
al fin, le apoyo la cabeza sobre mis piernas
y nos quedamos mirándonos a los ojos mientras yo le digo cosas
al oído peludo. El misterio no le interesa para nada.
Lo que más le gusta es que le acaricie la cabeza
y le cuente tonterías sobre mi vida y sobre nuestros amigos.
Eso la hace feliz, como siempre.



    Trad. Ezequiel Zaidenwerg




(Fuente: Zaidenwerg)

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