El grito hundido
Tengo la muerte seca de mis costas
Sellándome los labios
Y los ojos.
Está llagando la arena
Mis huellas
Y está mordiendo su aridez
Mi entraña.
Tengo las manos pobres y pequeñas
Para horadar la fiera cordillera
Y hacer que el agua,
Que fuga hacia el oriente,
Venga a reverdecer mis soledades.
Tengo tanto dolor, tierra querida,
Que si suelto a llorar
Me vuelvo un río,
Que al represarlo la cuenca de mis manos
Diez caudales con mi vida
Le diera por mis dedos.
Tengo como mi tierra
La garganta:
Ya no sabe llorar
Ni rogar puede;
Ya todo lo lloró,
Lo rogó todo.
Sólo es un gesto ya
El dolor gemido.
Me queda sólo. Adentro,
Un grito hundido.
Cómo grita mi tierra sin sonido
Cuando el tiempo le entrega,
Indiferente, un amargo de amor
Muy mal herido.
Si con tanto dolor reverdecieras
Y bebieras mi tierra,
Mis vertientes,
Quizás florecería en tus arenas
Aquel rosal
Que se murió en las mías.
(Lima, 1963)
(Fuente: Vallejo & company)
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