viernes, 11 de noviembre de 2022

Mario Arteca (La Plata, Argentina, 1960)

 

SE QUITA LA ROPA PARA QUE NO LA DESVISTAS 

 

        “Hay que distinguir la dirección que
          produce comportamiento y la dirección
          que produce entendimiento; esta última
          es completamente inútil”
                                                   Sydney Pollack
 
 
El canto de un pájaro que llegó a amar su jaula,
como el ratón la trampera en su galaxia de queso.
Todo lo que dispongo se convierte en casa.
Esa persona que te mira con atención, observa
poco, incluso demasiado poco. Se lustra los pies
llagados de tanto estar parado. También continúo
parado cuando me siento desnudo. La mirada
de ese hombre es un descanso de micros
que pasan vacíos con las letras cambiadas,
en dirección a un barrio en busca de un viaje
al fondo de nada. Sólo un pequeño argentino
asustado delante de un espejo, con la respuesta
errónea a su pregunta. Tengo más miedo
de nosotros que de cualquier otra persona.
Cuando ella se quita la ropa para que no
la desvistas, el hechizo del aire en la cara
se deshace, ya no conforta, es la palmada seca
en la mejilla preparando el examen de sangre
para una comisión que decidirá quién sos
y adónde no podrás regresar. Un papel
carbónico con copia adulterada, si es posible.
Jim Dodge sostiene que un poema se acaba
cuando el sentimiento desaparece, pero
nada dice sobre un poema que comienza
y de un sentido fuera de orden. Los textos
se lanzan como kamikazes al núcleo del placer,
sin plan de vuelo; caen desde grandes alturas
lo mismo que moscas hacia una bolsa repleta
de desperdicios. Lo mejor está por venir, querida,
aunque equivoque el camino, o me distraiga
con la visita de una mujer desnuda, mientras
le cuelgo nombres a todos los objetos de la casa.
 
 
(Fuente: Cecilia Pontorno)

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