domingo, 7 de agosto de 2022

Alejandro Michel (Buenos Aires, 1958 - 2022)

 

LA GUERRA DE LOS MUNDOS: EN EL TITANIC

 
 
El capitán Smith escucha el último parte médico y exclama:
¡Ojalá hubiéramos chocado contra un iceberg durante la noche!
¡Ya estaríamos todos en el fondo del océano,
sin vida, claro, pero menos muertos que ahora en este barco!
No hay peste que no provenga del futuro,
del pasado solo nos llegan la melancolía y el remordimiento.
Hemos telegrafiado al futuro, pero es en vano, nadie responde.
Hemos telegrafiado CQD y luego SOS y luego CQD otra vez,
una ocurrencia de Jack Phillips, el enamorado del Marconi,
pero nada, no hay telegrafistas despiertos del otro lado del tiempo.
Somos 269 metros de horror a la deriva, los fogoneros se sublevan.
La gente huye de los camarotes y agoniza boqueando en las cubiertas,
les falta el aire en medio del aire, justo aquí, en alta mar.
Es como si a los peces les faltara el agua en medio del agua.
Y abajo, en lo profundo del casco, donde viajaban los inmigrantes
–desocupados de Italia, Suecia e Irlanda, andrajosos y simpáticos–,
el paso de la peste ha dejado una fosa común abierta y mal iluminada.
Es triste, pero no injusto. Seguiremos telegrafiando a lo desconocido.
¡Que la orquesta suba al puente de mando, necesitamos un poco de música!

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