martes, 9 de noviembre de 2021

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

 

El Nonno
tenía peculiaridades
que no eran
las de otros familiares y condicionales.
Se decía que su apellido
tenía raíces catalanas
y la permanencia en Piamonte
apenas se remontaba al 1600.
Una infancia inundada de bosques,
sabuesos que escarbaban trufas,
cielo abierto y jolgorios.
Fue amante de la Crapente,
sucia, babosa e indigente,
sorprendido con ella,
a los relinchos y saltones,
a espaldas de la sacristía,
el cura, perlado sudoroso.
Ello hizo lugar
a una sofocante condena moral
que lo escoltó,
joroba lateral.
Fue inventor de cuánta cosa
se le ocurriera.
Útil, esplendorosa o innecesaria.
Lo emparentaban
con Da Vinci, aunque el Nonno
había creado un sinfín:
obras reales, milimétricas y más intrincadas,
entre ellas su célebre objeto volador a pedales,
y no trazó planos o escribió nada al respecto.
Una, porque escribir es muy difícil
para alguien cuasi analfabeto,
y dos, porque nunca lo haría;
así fuera como los Pavese,
medio aprimados
de las langas del noreste,
a quienes cavó un aljibe
e hizo refacciones y muros,
y que contaron con un hijo escritor.
Por alguna razón desconocida,
o demasiado conocida,
provocaba a los fascistas.
Quizá odiaban su contundencia,
sus arrebatos, el alcohol,
sus brazos como Popeye
y eso que no le hacía a la espinaca,
o su desdén burlesco
a quienes se uniformaban
de una u otra manera.
El caso es que fue apaleado
de a una vez y de a repetidas veces.
Aquí que su foto de pasaporte
ostenta una especie de sablazo
que le llegó al hueso sobre el ojo izquierdo.
Tampoco hizo buenas migas
con los demócratas que advinieron
después de la guerra,
entre ellos Einaudi,
vecino casa de por medio,
y luego Presidente de Italia.
En Mendoza
se dedicó a la taxidermia,
auxiliar veterinario
de mi tío Pedro,
el colorado cantarín pititorro,
que adoraba a su mono levantisco
el que se limpiaba el culo
con un corcho, un caramelo o lo que fuere
y luego arrojaba la plasta con puntería inigualable
al curioso que no le caía en gracia;
el Nonno fabricaba jaulas con palos de escoba,
herrajes caseros y cerraduras a prueba de balas,
confeccionó una camisa de fuerza
para simios
pero nunca fue aprobada.
 
El Nonno
murió apoplético,
pero nunca murió.
 
A cuchillo de carneo y cachimba,
a despecho y pechito afuera,
a expresión y exuberancia,
a renuncia de nombre Giuseppe
nunca otorgada.
 
 

- Inédito-

 

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