Las mujeres desnudas
caen
desde un lienzo.
4 millones de dólares
provenientes
del quizás amor,
de la tragedia
o el miedo
azul
de esa colección ambiciosa.
Caen,
anegadas en pintura
y altorrelieve,
pintadas al arrebol,
se hacen un lugar
en la subasta.
Cotizan,
bien como postre
o amarga hiel.
Calvas, huesudas,
hieráticas,
casi de todos,
tramas del agarre
y la transición:
se apropian
de quienes dicen no,
de técnicos,
piezas de joyería,
polvo y cuarzo.
No audaces,
apenas secuaces.
Madrugada:
un cartonero
recoge una caja vacía,
como de vapor viejo
y bruma victoriana,
y la carga en su carrito.
- Inédito-
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