NO
Me
niego a ser poseída
por
palabras, por jaulas,
por
geometrías abyectas.
Me
niego a ser
encasillada,
rota,
absorbida.
Sólo
yo sé como destruirme,
cómo
golpear mi cabeza
contra
la cabeza del cielo,
cómo
cortar mis manos y sentirlas de noche
creciéndome
hacia adentro.
Me
niego a recibir esta muerte,
este
dolor,
estos
planes tramados, inconmovibles.
Sólo
yo conozco el dolor
que
lleva mi nombre
y
sólo yo conozco la casa de mi muerte.
CAMINOS
Ceguera
del gesto
cuando
en vano se aferra
al
muro espeso de los hechos consumados.
Densa
guitarra de la sangre
acompañando
la canción
nocturna
y subterránea.
Deambular
entre gritos
anónimos,
entre
multitudes de hambre,
bajo
cielos ajenos.
Entre
mansos,
Desesperanzados
ecos.
AQUÍ
Clávate,
deseo,
en
mi costado rabioso
y
moja tus pupilas
por
mi última muerte.
Aquí
la sangre,
aquí
el beso roto,
aquí
la torpe furia de dios
medrando
en mis huesos.
NO
ES UN POEMA
Los
rostros son los mismos,
los
cuerpos son los mismos,
las
palabras huelen a viejo,
las
ideas a cadáver antiguo.
Esto
no es un poema:
es
un grito de rabia,
rabia
por los ojos huecos,
por
las palabras torpes
que
digo y que me dicen,
por
inclinar la cabeza
ante
ratones,
ante
cerebros llenos de orín,
ante
muertos persistentes
que
obstruyen el jardín del aire.
Esto
no es un poema:
es
un puntapié universal,
un
golpe en el estómago del cielo,
una
enorme náusea
roja
como
era la sangre antes de ser agua.
(Fuente: Revista El humo)
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