Cazadores Nocturnos
1
Mi dominio es la estepa, los puentes, las orillas,
el monte de rumores innombrables,
el robledal al que corona el plenilunio.
Yo soy el que respira el aire malsano de la ciénaga,
el que deja huellas sobre los caminos centenarios,
el que acecha en el pastizal el vuelo de las aves.
Por mí los caseríos duermen una noche
de puertas atrancadas. Por mí se subleva
el corazón infecundo del ilota en medio de su sueño,
ávida de pronto su imaginación claudicante,
hacedora de monstruos.
2
Oh las vertientes estériles
de estos corazones mediocres,
atados a la gleba, estas lenguas resecas,
estos ojos acostumbrados a los días infinitos...
Oh los bárbaros trabajos, los agotamientos,
los sueños brutales y las comidas
llenas de fanfarrias
—patrimonio colectivo de la aldea—.
Mis víctimas que han olvidado
su remoto origen de lobos perseguidos,
y como chacales aguardan el tiro de gracia
devorando ancestrales podredumbres.
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