A
TRAVÉS DEL VELO TERRESTRE
Un
niño borra la lección
y
crea en la pizarra
unas
nubes de invierno.
Leemos
en ellas lo que antes
pareció
encaminarse hacia la luz
y
ahora yace en tierra insana.
Aquí
estamos todos,
quietos
al fin,
sin
los pretéritos afanes,
sin
poder ver los corazones apagados
a
través del velo terrestre.
Ya
nada es parte de nuestra voluntad.
La
hierba crece
sin
que necesitemos
hacer
nada más que alimentarla
con
el silencio en que nos deshacemos
adentro
de
quienes ayer cantaban con nosotros.
Crear
o destruir, se fue de nuestras manos.
No
hay naves, no hay caminos.
no
hay cambios de estación,
ni
amor ni odio.
La
sabiduría no crece ni la estupidez mengua.
Nada
muda.
Aquí
es donde estamos
los
que hemos desaparecido.
El
viento quiere lamer nuestras heridas,
esas
raíces de polvo que persisten
como
una red inútil de la sombra.
Tenemos
larvas por tesoro
en
los pulmones aplastados
y
el viento no lo sabe.
Después
de la tormenta
queda
en el cielo una magnificencia de cobalto.
En
vano intentamos recordar
(en
la quietud que queda)
esa
vieja lección
que
un niño borró de la pizarra.
(Fuente: Bitácora del Párvulo)
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