1
Llámame Juan,
sálvame de ser
innumerable
como las hojas y los
días.
Mi alma está pronta
a desgajarse
en fragmentos
pegajosos.
Únelos con el hilo
de mi nombre,
sálvame de hundirme
en la entraña de las cosas,
de ser el escorpión,
la espina,
la rosa intacta,
el nudo que sangra
en la madera,
el aire, las
piedras, los gusanos,
todas las cosas que
me llaman.
Pronuncia el rito,
la palabra que
convoca,
que designa,
que dice: Este
entre océanos de
tiempo,
Este, que no quiere
hundirse todavía.
Garantízame,
repíteme,
invéntame,
llámame,
mírame,
perdido,
simplemente,
simplemente,
como un niño entre
voraces sombras.
2
Acaso es tiempo de
mirar a aquel que asoma
en la plural
profecía de los dientes:
hombre último, raíz
ensimismada
prometida a la
injuria de los tiempos.
Eterno, sin embargo
-relativamente eterno-
M{as
eterno que presunciones de alma.
Disperso,
polvo de los siglos, animará otras horas
cuando
ya no existan mi nombre y mi recuerdo.
Tranquilo
espera el derrumbe de los signos:
la
risa, el odio, las canciones,
el
miedo, la ira, la palabra.
Su
gesto natural de espera es la sonrisa.
Una
sonrisa es imagen de la muerte.
1953
(*) Asesinado por la dictadura cívico militar en 1977)
(*) Asesinado por la dictadura cívico militar en 1977)
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