Ataque de pánico
El río Duero me vio caer.
¿Qué significa
enloquecer en un país ajeno?
¿A qué huele la locura?
¿Qué gesto la anticipa?
Frente a un barco amarrado
y el ligero vaivén
de las aguas tranquilas,
Oporto se llenó de extrañeza.
Perder las coordenadas
hasta encontrarse
finalmente
fuera
del mapa.
Freud sobre la Acrópolis
–cautivado, extasiado–
se preguntó por lo verosímil
de ese paisaje ya aprendido
y todo lo real tembló
a su alrededor y en sí mismo.
Ir más allá del padre
no es
sin vacilación.
Caminar a pasos agigantados
por el terror. Los rostros todos
extranjeros, las lenguas todas
desvirtuadas. Yo contemplaba
el río y se volvió tempestad.
No hubo vientos premonitorios.
Ni hubo un resbalar
antes del derrumbe.
(Continente negro, Alción editora, 2018)
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