miércoles, 9 de noviembre de 2022

Lisa Jarnot (Buffalo, N. York, EEUU, 1967)

 

el puente

 

Que hay cosas que jamás podrán volver a ser iguales
en mi cara, las casas o la arena, que nací bajo el signo

de la oveja, que al igual que Abraham Lincoln yo soy seria

pero también me falta valentía,

 

que desde este jardín estuve componiendo un gran discurso,

que escribo sobre mí, que es bueno ser poeta, que parezco

el dibujo de una casa hecho a lápiz por un chico,

que, curiosamente, lo extraño, y mi cabeza no está sobre las Pléyades,

que amo el mar y su espuma contra el cielo,

 

que estoy estornudando como un león en el jardín que conoce

los lirios de su Nilo, imágenes lejanas, desayuno, una bandada

de pájaros, gorriones desde el cielo,

 

que no soy el marido de Casiopea, que no soy el pez

del sur, que no soy la última poeta de la civilización,

que si quiero salir a caminar y encontrarme de pronto

bajo un tramo de árboles, cansada, que esta vida es la vida que tenía,

 

que, curiosamente, extraño el ruido de la lluvia

en el tejado y también todo Oakland, que extraño el ruido de

los gorriones que se arrojan desde el cielo, que hay chispas tras

mis ojos, en la radio, y el ruido de arenadoras a lo lejos,

y el desayuno, cada instante de él, geométrico, humo

desde la chimenea de los árboles donde fui chica,

 

que en enero, lo conocí en un bar, después nos fuimos

juntos, que había un limonero en el jardín de atrás

y una cafetería, donde salimos a besarnos a la calle,

 

que nunca estuve ahí, curiosamente, y que nunca fue

igual, la isla entera, o las pinturas de los astros,

paternalmente, atados a gorriones que se arrojan desde el cielo,

 

oh marco traqueteante en el que estoy, estoy donde aún hay

estos encargos en la noche, recordar la textura

de las hojas de las acacias blancas en agosto, a la

luz de la luna, redondeadas, a través de una ventana en las colinas,

 

que si me quedo bajo la estrella polar en esta armonía

de grillos que van a cantar, el ruido de los pájaros sobre los mosquiteros,

los ojos bien abiertos de su forma de búho inmóvil en lo oscuro.

azules, verdes, con esquirlas del Pacífico,

 

que no sé dé que sueños me trajeron,

enviada al mundo sin la bendición de un beso, tras los

sauces, junto a los pensamientos oscurecidos en la terraza

al lado de los barcos, que se mecen, escribí esto en la espalda del

cielo, con una remerita amarilla, cerca del reptiliario,

mamífera, tamaño no mayor que la manada,

 

que yo escribí la historia de la guerra que se libró entre el

sur y los peloponesios, que me encanta correr por

shopping centers, que también aprendí a dibujar, habiendo caído

acá, como la lluvia cae sobre las cosas, sobre el

suelo, al lado de los establos rotos, junto a las vías del ferrocarril,

a la orilla del mar, yo, Tucídides, habiendo escrito esto, habiéndome

criado cerca del mar.

 

   Traducción de Ezequiel Zaidenwerg


 





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