UN POEMA DE LA CORTESÍA DE LOS SUICIDAS
—EL PEREGRINO—
LAYENDA DE UNA VIEJA MALDICIÓN
1
Ha vuelto a pasar por las calles el mendigo de los viejos cuentos
y nadie lo atendió
nadie quiso verlo,
nadie quiso escucharlo.
Se sacudió los pies al emprender
de nuevo el camino,
golpeó con su cayado en el suelo ya por siempre maldito.
2
Se perdió su silueta de peregrino
tras la última esquina del pueblo.
3
Esta vez quizá no llueva a cantaros
ni haya nadie que siquiera lo anuncie.
4
Pero todos sabemos ya que es éste un otoño distinto,
de presagios despiadados y epifanías de hiel.
5
Mi garza ha pasado volando esta tarde por encima de la casa.
Sosegada, sin aparente prisa por irse.
(Todavía está aquí, así que aún lo verdaderamente duro no empieza.
Ni empezará por ahora. Puede la nieve esparar).
La cortesía de los suicidas
Editorial Páramo
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

No hay comentarios:
Publicar un comentario