Uno
rompía
los esquemas
en la hoguera
de la calle.
que lumpenproletariat,
entre aire negro
y humo blanco
de eso que llamaron
delincuencia
para gracia del requiebro
y la fácil taxonomía
del agua bordada.
¡Qué no hacíamos
en los charcos y vidrieras,
en sótanos y ventanas!
¡Qué no forzábamos,
en la oscura batalla
y la noche de cuajos!
¡Qué no probábamos
como escoltas del miedo
y la aventura del alba!
Quizá pellejos colgados,
bosta en el potrero,
acribillados,
mordidos o moridos,
quizá un ojo menos
o renguera en las ruinas.
No había
en el barro
ni párpados ni verdores,
ni corazón sin cerrojos;
uno
era de rodillas
en las ráfagas de ceniza
que los sueños
quemaban en calabozos
y patrias barriales.
Uno
era espuma
en la escarcha,
cosita de nada.
Y la boca del arma,
el definido muchachón
reunido en escombros
y lazos de cogote.
- Inédito-
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