domingo, 7 de agosto de 2022

Gertrud Kolmar (Gertrud Käthe Chodziesner: Alemania, 1894 – 1943)

 

 

 


 
De la oscuridad
 

De la oscuridad vengo, una mujer.
Cargo con un niño y ya no recuerdo de quién.
Alguna vez lo supe.
Pero ahora no queda hombre para mí…
Todos se hundieron tras de mí, como regato
Que la tierra bebió.
Camino y avanzo y avanzo.
Que antes del albor quiero llegar a la montaña, y los astros
ya desvanecen.
 
De la oscuridad vengo.
Por sombrías callejas caminaba solitaria,
Cuando de repente se abalanzó una luz y desgarró a zarpazo
la plácida negrura,
El pardal a la cierva,
Y una puerta abierta de golpe y de par en par, atroz rechino, algazara
salvaje, berrido bestial escupió.
Unos borrachos se revolcaban…
Por el camino sacudí todo eso del ribete de mi vestido.
 
Y merodeé por el mercado yermo.
Hojas flotaban en charcos que reflejaban la luna.
Perros flacos, voraces olisqueaban la basura sobre el empedrado.
Frutas se podrían pisoteadas,
Y un anciano en andrajos seguía maltratando su pobre instrumento de cuerda
Y cantaba con voz endeble, desafinada, lamentosa.
Sin que nadie lo escuchara.
Y esos frutos alguna vez habían madurado a sol y en rocío,
Soñaban aún con fragancia y dicha de la amorosa flor.
Pero el quejumbroso pordiosero
Hacía tiempo lo había olvidado y no conocía ya más nada que hambre
y sed.
 
Ante el castillo del poderoso me detuve,
Y cuando pisé el primer escalón,
Se rajó el pórfido encarnado crepitando bajo mi suela. –
Me di vuelta
Y miré hacia arriba, hacia la ventana pelada, hacia la tardía
candela del pensador,
que meditaba y meditaba y jamás le hallaba redención a su pregunta,
Y hacia la velada lamparilla del enfermo, que a pesar de todo
no aprendía
Cómo debería morir.
Bajo el arco del puente
Dos horrorosos esqueletos porfiaban por oro.
Yo levanté mi pobreza como escudo gris cubriendo mi rostro
Y proseguí indemne mi camino.
 
En lejanías el río habla con sus riberas.
 
Ahora trastabillo al subir por el sendero pedregoso, reticente.
Pedruscos, matorrales espinosos hieren las manos que tantean,
a ciegas:
Una cueva espera,
Que en su más profundo abismo alberga al cuervo verde mena
que no tiene nombre.
Ahí ingresaré,
Bajo la sombra protectora de su grande ala me
acurrucaré y descansaré,
amodorrándome la palabra muda, creciente, de mi
niño escucharé,
Y dormiré, la frente inclinada hacia oriente,
Hasta que despunte el sol.
 
***
 
Gertrud Kolmar es el seudónimo de Gertrud Käthe Chodziesner (1894 – 1943), una de las poetas alemanas más importantes del siglo XX. Hija de un abogado judío y prima de Walter Benjamin, fue asesinada en Auschwitz. El presente poema, que traduje en estos días, es de su libro "Welten" de 1937.
 
                                                            Atila Luis Karlovich
 
 
(Fuente: Atila Luis Karlovich) 

 

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