UNA MEMBRANA PERMEABLE (2005) (1)
I La imaginación o la intuición poética nunca existe como algo aislado, suspendido libremente en el aire o encerrado en sí mismo. Es radical, en el sentido de que tiene raíces enmarañadas en la gravilla de las relaciones y los arreglos humanos: nuestra manera de estar unos con otros.
El medio es el lenguaje, que intensifica nuestra percepción de la realidad posible.
II
Un contacto espectral sobre un hombro: motas de polvo en el aire inhalado, fragmentos de conversación escuchados al embarcar en un avión, música almacenada en la memoria. Un olor provoca otra sensación, una escena semiolvidada. Restos de un sueño. «Sonido ambiente», como en una audiograbación.
Mientras trabajo en un borrador, me abro paso a tientas a través de lo que no veo con claridad. Mi dedo sobre el hombro del espectro que tocó antes el mío. A medida que mis ojos se van adaptando a la penumbra, comienza a manifestarse la forma de lo que estoy haciendo. El poema expresa sus necesidades, se convierte a la vez en mi guía y mi crítico.
Detrás y por doquier está la interpretación de la subjetividad y del ser social. Espigando, sin seleccionar de manera consciente al principio. Insatisfacción, impulso de dirigir una nueva mirada sobre el mundo, hurgar en las heridas, rechazar los remedios y panaceas populares, los brebajes oficiales. He aprendido cuán grande es la parte de este trabajo que depende de lo que sé de mí, incluido en qué medida soy capaz de extraviarme, me he extraviado, pero sin dejar de confiar a la vez también en la capacidad de algunas decisiones poéticas para conducirme más allá de cualquier conocimiento consciente.
He querido escribir visiones subjetivas de las condiciones objetivas. Pero esto suena a programa. Digamos más bien que los poemas quedan impregnados de lo que está ocurriendo, de las rupturas en la trama supuesta, igual que debe estarlo la existencia, la vida interior de la creadora, el creador. Las producciones del arte están enraizadas en tareas no artísticas —repetitivas, tóxicas, extenuantes, por un salario mínimo o menos, o ninguno— que en todas partes están en la base de esas creaciones privilegiadas. Lo que vemos y no vemos. Lo que nos está viendo. Ojos entre la maleza, ojos en la calle.
Necesito adentrarme más allá de la decoración de interiores, de la biografía. El arte es una manera de fundirnos y rezumar a través de la propia piel. «¿Qué,quién es el tema?» no es la pregunta esencial. Un poema no es sobre, sino desde y para. Lenguaje apasionado en movimiento. La estructura profunda es siempre musical, y física… como el aliento, como el pulso.
III
En los estados distópicos, culturalmente atrofiados de Estados Unidos, una poeta, un poeta necesita un tipo de fe y de compromiso distintos (aunque no mejores) de los de quienes son poetas bajo otros regímenes crueles, embusteros y despiadados. Fe en la poesía misma, más de la que quizás ha sido necesaria en otras sociedades más antiguas. Compromiso con una poética no definida por el mercado, distinta del verso cortesano complaciente o de la prosa cortada según un patrón. Una poética del anhelo, de la necesidad orgánica.
Mayakovsky: «La presencia de un problema en la sociedad cuya solución solo es concebible desde una perspectiva poética. Un mandamiento social» (2). Leo que nos está diciendo que, para el poeta, el problema es insoluble por sus solos medios y, sin embargo, siente un impulso urgente de abordarlo mediante la poesía.
Esa premura —emocional como un enamoramiento— es en definitiva la fuente y el significado de mi trabajo. ¿Por qué conformarme con menos?
Mayakovsky escribía sobre el acto de hacer poesía en el contexto de una revolución socialista: un momento, parecía entonces, de expansión de las esperanzas con respecto a las posibilidades humanas. La demolición de esas esperanzas, desde dentro y desde fuera, fue una tragedia internacional. Aquí, como «vence- dores» de la guerra fría, somos espectadores hipnotizados y emocionalmente paralizados junto al lecho de una democracia enferma. La conversación pública se encuentra desprovista de una imaginación compartida sobre lo que es «humanamente posible», desprovista de solidaridad humana, de motivaciones que no sean el miedo, las compras y la repulsión.
Frente a la puerta aguarda la amenaza de una dictadura; escuchemos su lenguaje: «También nosotros tenemos que trabajar, sin embargo, en el lado oscuro, en cierto modo (…) usar, básicamente, todos los medios a nuestra disposición para alcanzar nuestro objetivo» (3).
Queremos creer que la fiebre puede ceder y el cuerpo político enfermo puede volver a la vida.
En una crisis como esta, la eficacia de cualquier arte no se puede medir por su distribución masiva cuantificable. Suponiendo que esto haya sido posible alguna vez.
IV
Existe una membrana permeable entre el arte y la sociedad. Un movimiento dialéctico continuo. Las mareas introducen agua salobre en el estuario. El río se adentra en el mar. Una autora ha descrito cómo la corriente del río Congo «manchada» de tierra se distingue en el océano hasta trescientas millas de distancia mar adentro (4). Análogamente, la materia del arte penetra en la corriente sanguínea de la energía social. Llamada y respuesta. La imaginación empática puede transformar, pero no podemos identificar lugares precisos de transformación, no podemos rastrear o cuantificar los momentos. Como tampoco podemos decir de qué manera y cuándo conducen, a través de innumerables corredores impredecibles, hacia una supervivencia recreadora, socavando el poder ilegítimo y sus crueldades. Ni tampoco cómo energías sociales recién liberadas, movimientos populares, llegan a reclamar un diálogo social renovado con el arte: una liberación espontánea del lenguaje y de las formas.
René Char: «El poeta rompe las ataduras de aquello que toca. No enseña el fin de las ataduras» (5).
No puede enseñar el fin de las ataduras, pero puede negarse a justificar, aceptar, ignorar su existencia.
1.
Publicado como parte de un simposio sobre mi obra en Virginia Quarterly Review, primavera, 2006, pp.208-210, lo recupero aquí en una versión ligeramente revisada.
2. Vladimir Mayakovsky, How are verses made?, trad. al inglés de G. M. Hyde, Jonathan Cape, Londres, 1970, p. 18.
3. El vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney enel programa Meet the Press de la cadena NBC, 16 de septiembre de 2001.
4. Nadine Gordimer, «The Congo River», en The Essential Gesture: Writing, Politics, and Places, Stephen Clingman (ed.), Knopf, Nueva York, 1988, p. 15.
5. Le poète fait éclater les liens de ce qu’il touch. Il n’enseigne pas la fin des liens (Selected poems of René Char, Mary Ann Caws y Tina Jolas (eds.), New Directions, Nueva York, 1992, p. 125).

Ensayos esenciales. Cultura, política y el arte de la poesía. Madrid. Capitán Swing. 2019. Págsw. 825-829.
(Fuente: La Mecánica Celeste)

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