jueves, 3 de septiembre de 2020

María Teresa Ogliastri (Los Teques, Venezuela 1952).



Hadas caídas 



No puede ser una granja
un lugar donde habitan silfos y hadas

no venderé mi jardín de flores y pájaros

las gentecillas de las fuentes ya no cantan
solo murmullos en el lago

en mi jardín
ya no hay ogros

sólo cantan mirlos

las doncellas están afuera
y es probable que vaguen en el bosque
 por haber descuidado la virtud

bajo el puente una cabellera irisa el agua

varias doncellas atraviesan el lago
son las ninfas
las cautivas

ahora que el estanque está cubierto de lotos
sólo la castidad podrá salvarlas. 






Otro lirio 


El anciano abre el cofre
y acaricia dos palomas dormidas

lo impulsa el deseo
unos pies tan pequeños

en el suelo las chinelas con peonías
muestran un ave que abanica su cola
y marca el territorio del cortejo

a lo lejos un reclamo
un grito timbrado

el flujo y el reflujo
las olas

la niña de vuelta al gineceo
con las mujeres solas
otra escoba de palacio
otra anciana que conspira
otro lirio






El difunto


En las noches de relámpagos
regresaba con los ojos cubiertos
de placas de jade

rompía objetos
hacía ruido

la brisa movía el árbol de las monedas
para traer abundancia

sobre la piedra disolvió tinta negra
y escribió un poema para su segunda esposa
la joven asesinada en Changsha

aprendió tarde la elección de un amor desmedido







(Fuente:  La parada poética)





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