jueves, 3 de septiembre de 2020

Julián Axat (La Plata, Argentina, 1976)



& el hombre que fue martes
Infiltrarse
Infiltrarse en la gente
& armar asociaciones bien oscuras
Malignas altamente peligrosas
Inventar terroristas subversivos & hechiceros
Herejes brujos exorcizados cancerberos
Infiltrar al hombre que fue jueves & viernes & sábado
Infiltrar las novelas de Chesterton con periodismo barato
No leer a “Los demonios” de Dostoievski
& desobedecer los panegíricos de Sion
Ni en “La eternidad por los astros” de Blanqui
o en las largas cabelleras de los comuneros llenas de infiltrados de París
aquellos que hicieron la Revolución
Los únicos terroristas polis infiltrados que lucen de terroristas
& terroristas que no existen sino en la mente del estado terrorista
Infiltrados Lenin Pasolini el presidente los senadores
el celador el docente & el ama de llaves
Infiltrados los talleres de poesía & la rutina de box
La realidad infiltrada por los que ya no están a salvo de la infiltración
& se miran unos a otros preguntándose infiltrados hasta los tuétanos
Estrella cercana
Miguel Ángel Estrella brinda un recital para los presos alojados en la Cárcel de
Chimbas
Miguel Ángel ofrece un repertorio de música clásica y conversa
Sobre el pasado
Estrella les cuenta y viaja a 1976
Cuando los militares le martillaban las manos y amenazaban con cortarle los dedos
“por el hecho de ser pianista” le decían
Por aquel entonces sintió que Dios le hablaba y le pedía no morirse
Y así sobrevivió al Mal
Y así los conciertos de piano para Estrella empezaron en el exilio
Primero en las cárceles de Francia en 1982
Y más tarde en villas, pobreríos, cárceles, fábricas Argentinas
“La música salva” dice y siente Miguel Ángel al medir el horror por distancias
Hasta que cuatro décadas después desembarca en Chimbas
Toca Bach y recuerda cuando… alguien entre los presos espectadores interrumpe...
Pide prestado su lugar al ejecutante para recordar un tango y “adelante, como no…”
Cede el amable Estrella
Entonces la música comienza atonal y chirría espantos 
En la voz o susurro del capitán Nazi Wilm Hosenfeld
Grita al pianista Wladyslaw Szpilman que toca como poseso en el Gueto
Pero no el “Nocturno en cis moll” de Chopin
Los gritos de ultratumba de la desaparecida Marie Anne Erize
Piden clemencia en la ESMA
Y los dedos gráciles de Estrella que se arrastran cada vez
Más toscos aplastados por el martillo de las brujas que no quiere a Dios ahí
Y los presos de Chimbas espectadores alucinados de esa musiquilla infernal
Observan al concertista cuando se le salen las falanges
Y al Asesinato
Ya no convertido en una de las Bellas Artes
Tras el réquiem
El solicitante descolocado como Diablo de Chimbas
Levanta su rostro y se para
Busca tenderle la mano al impertérrito Estrella
“Me llamo Jorge Olivera, soy un preso político…
…. gracias por prestarme su piano”
Iluminación en Villa Caraza
No dormía, solo me despertaba a cada rato y veía, vi a mis padres, a mis abuelos, a todos de la mano mirándome fijo, pero a lo lejos vi a mis ancestros más lejanos con flores negras en las manos, como si cumplieran un ritual ajeno pero demasiado familiar que yo desconocía pero era cotidiano. Vi una proyección en el cielo de halcones que lanzaban artefactos sobre la tierra y las casas vecinas ardían arrasadas en un fuego amarillo de pronto verde, y la gente pidiendo implorando esos colores a los gritos, pero después quejándose cuando ya ardían en el flash del pasado. Vi un mundo fosforescente iluminarlo todo como en el flash que se metía en el pozo oscuro de la historia, se prendía y apagaba hasta salir y rociar los ojos inyectados de los que pasaban. Vi a las tierras del interior levantarse con motopalas y a niños refugiados con estrías en los brazos quejarse de su herencia malforme, exigir la vuelta de su país con pancartas ya sin colores ni clientelas.
¿En qué estrellas viven mis abuelos, Papá?
                                                                
a 42 años del golpe cívico militar
En la larga deriva de los que no están
viajan sus hijos y nietos al encuentro
como osas polares de un firmamento inacabado
mirando el destello de los de abajo
aquí navegantes de un futuro incierto
hacedores de vientos soñados por otros hacedores más antiguos
También se nos suma la descendencia que aprendió del Mal
a no utilizar la misma daga de sus engendradores/ ahora perdidos
en vaya a saber qué agujero negro o silencio apagado
Los de mi época nacieron dudando de su identidad
y aquellos que aún no interrogan a su sangre porque la desconocen
van imantados a los pechos vía láctea de sus abuelas buscadoras
pues en esta economía de los muertos y sus estrellas vivas
se nutre un pueblo castigado como Sísifo a la pesada piedra de la memoria
hacia el encuentro de un volcán resplandor subterráneo
apenas la esperanza de transferir una pequeñísima luz
fragmento de eternidad en los ojos del hambre
y que no se trague todo el sufrimiento de la voz
y que la larga senda de los que siguen no se sientan
los argonautas de una aristocracia del dolor
***
¿En qué estrellas viven mis abuelos, Papá?
Entonces con el dedo clavado en la noche le indico cierta luz
Algo que se apagó hace tiempo pero sigue encendido
el dínamo espectral del universo mira a los desheredados
y todavía
a pesar de todo
desde aquella estrella
exigen un legado
(Fuente: Los poetas no van al cielo)

No hay comentarios:

Publicar un comentario