sábado, 5 de septiembre de 2020

Diego Roel (Temperley, Buenos Aires, 1980)



NOTA PRELIMINAR

Poco sabemos de Andréi Rubliov, pintor y religioso, hombre de Dios y hombre del arte. Las crónicas afirman que vivió, en tiempos del patriarcado de Nikon de Rádonezh, en el monasterio de la Santísima Trinidad y San Sergio, cerca de Moscú. En 1408 colaboró en la decoración de la catedral de la Dormición de Vladimir. Fue discípulo de Teófanes el Griego. Es considerado, junto a Daniil Cherny, el representante más importante de la pintura iconográfica en Rusia. Murió en 1430.

Diego Roel

(Andréi Rubliov, libro inédito)




El globo

(Otoño de 1400)
 

¿Ves las veloces nubes blancas
allá abajo?

La tierra se aleja más y más.

Volando va desnuda
una sola palabra en el paisaje.
Dormida va.

¿La ves?

Ya pasamos las rocas de la altura,
los jaguares del sol,
la franja donde la muerte deposita
los últimos dientes de la calavera.

Hermano, abre los brazos.




Invitación al Kremlin

(Invierno de 1405)

El ícono de la Virgen de Vladimir
me miró a los ojos y me dijo:

“Búscame en el muro donde la tarde extiende su plumaje.

Estoy detrás de los estandartes de cola de caballo,
debajo de las hojas y los frutos.

Búscame en el aire, en las cenizas.

Estoy arriba del puente de todos los ríos,
encima de la huella de los lobos.

Búscame en el arco donde la sangre se desata.

Estoy bajo el ala de la noche”.



Teófanes el griego

(Verano-otoño-invierno de 1406)

Antes de partir, uchitel, nos dijiste al oído:               

“Abandonen las cisternas rotas.
Busquen el pozo de aguas vivas, el huerto cerrado.
Y sientan el perfume de las flores de alheña,
el aroma del azafrán, de la caña aromática,
de la canela, de la mirra y el aloe.
Sientan la fragancia de los nardos.
Busquen la fuente sellada, el árbol de vida.
Abran los ojos y vean la explosión de los frutos.
Escuchen la estampida de las ciervas del campo.
Ya pasaron el invierno y la lluvia:
llegó el tiempo de la canción.
Abandonen las cisternas rotas”.


Daniil el Negro

(Primavera de 1408)

Para conseguir colores traslúcidos
coloco debajo de la pintura hojas de estaño
y utilizo como barniz aceite de ricino.

Cada maestro añade su propio saber:
en los labios y las mejillas uso rojo de laca,
en las cejas y las arrugas, negro y caput mortuum.

Para conseguir los tonos diáfanos
procedo mediante una aclaración progresiva.

Los cánones son severos.

Tengo siempre sobre la mesa blanco de plomo,
ocre y cinabrio.


El Juicio Final
(Verano de 1408)

Yo vi a Cristo cabalgar sobre los cielos del Oriente.

Su voz sonaba igual que el estruendo de muchas aguas.

Se paró delante de mí, abrió los labios y me dijo:
“En mi bolsillo guardo tres llaves:
la de la lluvia, la del nacimiento,
la de la resurrección de los muertos”.

Su cara brillaba como si fuera bronce en ignición.

Yo vi a Cristo cabalgar en una yegua blanca,
a orillas del Moskvá-Reka, antes del invierno.


La fiesta
(Primavera de 1408)

Que seas siempre para mí como el rocío,
como los lirios del campo, como los árboles silvestres.
Que en mi boca seas siempre
más dulce que el fruto de la higuera.

Porque antes de verte
yo era una voz que clamaba en el desierto:
¿de dónde vendrá mi auxilio?
Mis días eran como los del caracol que se desliza y pasa.
Mis días eran esfuerzo y tristeza.

Antes de verte
yo alzaba los ojos a las montañas y gritaba:
¿dónde estoy?

Entonces llegaste como llega puntualmente
la lluvia que riega el suelo,
la nieve que cubre los campos de Rusia.

Que en mi vida seas siempre
vapor que sube de la tierra,
mano que esparce la semilla,
aguacero.


La invasión

(Otoño de 1408)

Todavía recuerdo lo que Feofán decía:

“El perro significa lealtad y el clavel, matrimonio.
El vinicultor, el mes de marzo.
El cordero, el banquete eucarístico.
El unicornio es la Madre de Dios.
El león en el centro de la composición es Cristo.
El árbol representa la cruz y la mandorla, el universo.
A la izquierda el sol es Dios Padre.
No sé lo que significan la montaña y el pastor.
Aquellas palomas son las almas de los bienaventurados.
El cáliz sobre la mesa es el tazón de la muerte”.


Monasterio de la Trinidad y San Sergio

(Verano-otoño-invierno-primavera de 1422)

Y sobre todo hay que evitar
las curvaturas de las tablas, las grietas,
la podredumbre de la madera.

Hay que impedir a toda costa
el ataque de parásitos, la carcoma.

Para otorgar luminosidad a la pintura
la cubrimos de albayalde y revestimos el fondo
con cola de pezuña de conejo.

El ícono debe ser resistente al frío



Fuente: Andrei Rubliov, libro de próxima aparición. Gentileza de Diego Roel.



(Fuente: Los poetas no van al cielo)

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