martes, 8 de septiembre de 2020
Diego Medrano (Oviedo, España, 1978)
Ritual del cenicero
Hay perritos del tamaño de algunas huellas
dactilares; y mujeres muy perdidas siempre
con un cigarrillo mojado entre los dedos.
Hay muerte empalagosa como turrón malo;
preñez de pasos hacia el aliento de ave
marchita como sexo entre rumor a musgo.
Hay escombros por doquier, en lugar de libros
cuando la duda podría ser único espacio
de bondad real y no lo es; cuando el odio
protege el recuerdo con algo más peligroso
que el miedo: azogue al fondo, en la barra
y toda esta muerte putrefacta sobre el cenicero
donde nuestros ojos glaucos parpadean
debido al peso de humedades tan extrañas.
El borracho solitario imagina
mil cisnes azules
Cada ser es un himno destruido.
Emile Cioran
Hoy callas e imaginas mil cisnes azules
donde la podredumbre crece como araña
y los vinos son malos, callas e imaginas
el azul turbio como la paz imprescindible
entre la guerra hecha albañal de hielo.
Callas para leer mal las alcantarillas
y descifrar los vasos de tubo sin joyas.
Callas, investigas cuerpos en portales
que allí te aguardan como cadáveres solos
y pueda darse forma entonces con las manos
a un gigantesco muñeco de nieve sucia.
La ecuación vil de este tiempo de penurias:
intentar lo difícil donde antes lo fácil
era lo que llevaba a amar sin ningún preámbulo.
Cargar almas
Le hubiera cedido mi curato pero
no quiero cargar almas.
Francoise Villon
El muerto quiere ser maniquí por algún tiempo
el poeta es seducido por la delincuencia
la crueldad rejuvenece —advertía Rimbaud—
y algunas viudas se aferran al pasado
como lapas sobre la carretera oscura.
No obstante, la gloria más temida y sacra
viene perfilada por grandes manos curiosas
y la lengua, resistente, por blanda y fea;
los dientes pequeños son imposibles de traspasar.
Tanta copa sin compañía sólo puede llevar
al tobogán de las gemas sin cofre ni dueño:
nuestros cuerpos, firmes bajo secreto de capa
mojada de mentiras: Tú y yo, apenas fuel
de una maquinaria perversa que la vida
debiera haber engrasado arrebatada.
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En Llora mi alma de fantoche
(Fuente: Zenda libros)
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