viernes, 4 de septiembre de 2020

Adam Gai (Buenos Aires, 1941 / Vive en Israel)



Anoche la nieve Jerusalén 



Anoche cayó nieve en Jerusalén 
por nostalgia en pleno verano 
dolida de esperar  
Nadie la vio 
Sopló el sudor de las paredes calientes 
de las piedras resignadas. 
Fue fácil disimular. La gente dormía en el sopor 
momento decisivo para preguntar a las hojas 
qué pasó. Las cosas iban mal le dijeron 
con una voz verde y oscura. 
Se puso a patinar sobre sí misma por las calles vacías
hay que tener buen oído para escuchar su rumor.
Fueron horas de recreo en el destiempo. 
Luego sintió la pisada del primer rayo de sol.
Se escondió en el reloj del día, sus agujas en las agujas
su blancura en la cuerda inexorable que la ahogó.
 
 
 
 
 

En el bar


Dos sillas blancas, de madera,
mirándose frente a frente,
separadas por una mesa de tapa blanca
sostenida por un caño fino
que no las deja tocarse,
sólo mirarse
impasiblemente, inevitablemente,
a menos que alguien venga
y las mueva o se siente
en una de ellas y entonces
el alivio de liberarse
de esos ojos blancos que ni siquiera
pueden cerrarse o mirar hacia otro lado.
Alguien acabará por levantarse,
acomodar inescrupulosamente

la silla usada frente a la otra
y ellas de nuevo mirarse con la mirada
de madera, fija, blanca, ineludible.




(Fuente: El poeta ocasional)

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