UN POEMA DE HOSPITAL DE CIGÜEÑAS
TORRE DEL RELOJ
Despide la ocasión,
alma atrapada
en la vieja maquinaria,
acuérdate, dice,
como en el poema
tantas veces repetido: souviens-toi!
dolores, espantos,
la carroña de Baudelaire
que arruina las facciones,
un dardo en el pecho
que empuja
hasta borrar la alegría,
en su escondrijo
emplea el formón,
una muesca en el esqueleto
de los vivos,
de Skopje a Prishtina,
Podgorica, Sarajevo,
a cada cual su estación,
la torre del reloj
es la voz que se traga un insecto
para adentro,
engatusa en todos los idiomas,
expande su indeferencia
al paso de los minutos,
no puede detenerse
ni apiadarse de la ciudad
sin ser estatua de sal,
suavemente
la hora cercena
el cuello elegido,
ciega se despide
con el último aliento.
Hospital de cigüeñas
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(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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