EL ETERNO CANTO DE LAS SIRENAS
¿Qué decía, Ulises, el canto de las sirenas que tu pobre
astucia
no se atrevió a escuchar?
que tus naves esquivaron?
¿De qué sirvieron tus viajes, para qué las arenas de Troya,
la victoria a traición,
la embriaguez de Polifemo?
¿Para qué la gloria de los siglos, insensato,
si, hombre al fin, tuviste el milagro al alcance
de tu mano
–más importante que la gloria
más efímero que la fama, y por eso
sólo por eso, eterno–
y te negaste, cobarde, a descifrarlo?
Pero las sirenas, Ulises, son eternas.
Otros son los que escuchan ahora nuestros cantos.
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en "La mujer nicaragüense en la poesía", Daisy Zamora, ed., Nueva Nicaragua, Managua, 1992.
(Fuente: Jonio González)
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