UN POEMA DE ARIAS
ELEGÍA DOBLE
Cuando estuve al lado de mis padres, en sus muertes,
en sus últimas horas, en ambas ocasiones,
mi espíritu contuvo el aliento. Estábamos ahí donde
yo no sabía dónde estábamos, como si nuestra
materia fuera espacio, cerca de los límites de su pasaje a
la nada: había planetas prosaicos
que pasaban en silencio, y lunas
luminosas, dándonos la espalda, y canales donde
los átomos se daban la vuelta. Yo estaba allí para
vigilarlos según cambiaban, mi espíritu
estaba a su servicio, pero mis ojos… Mis ojos
los sostenían como los jamones y patatas
enlatadas ante el altar de Acción de Gracias, para ser
bendecidos;
mis ojos estaban enamorados de las temidas casa
de sus cabezas y rostros, los escondrijos,
las yurtas, los iglús traslúcidos de la vida nómada
de un niño,
pero también mis ojos los estaban viendo morir.
Habían estado allí, trabajando en la oscuridad, cuando
nací, y allí cuando mi cabecita, con la sangre de mi
madre, se asomó por primera vez, y luego salió,
y ahora yo estaba allí cuando ellos se iban,
según el orden clásico, el progenitor antes
que los vástagos. Y cuando murieron, mis ojos,
como un brillo de fieras desde los márgenes
de un claro, los vieron muertos, los vieron a uno
transformarse en una blanca orquídea y al otro
en una verde, y luego, uno en un lago
amarillo y el otro en un mar seco y
dorado, y por fin en una nube con la forma de una
calavera, y en una nube con la forma
de un canal pélvico,
los vi transformarse en cosas que habían querido
en su lugar, cosas en las que había almacenado
su imaginario amor hacia mí.
Sharon Olds
Arias
Traducción de Andrés Catalán
Valparaíso Ediciones
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

No hay comentarios:
Publicar un comentario