In memoriam
A. N. (1961-1964)
Hermano mío,
mi amuleto de la infancia,
de la mano que aprieta nuestra mano
hasta que nos dormimos?
Niño mayor
y para siempre niño,
que casi no estuviste
y creciste a mi lado
como la sombra suave
que se alarga en la tarde,
¿en dónde están aquellos días
que nadie más que vos podía vivir?
¿Por qué he vivido yo, y vos
has muerto todos estos años?
Hermano, mi pequeño
amuleto de la infancia,
hoy más pequeño que mis hijos,
¿hay un lugar
donde lo muerto permanece?
¿Por qué sólo en el sueño
y nunca en la mañana
podemos verle la cara a nuestros muertos?
En ese día, hermano, el último,
dame tu mano diminuta
y regresemos juntos a la nada
por el zaguán de nuestra casa vieja.
(Fuente: Alejandra Boero)
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