PUÑAL DE LUZ
Este cuerpo que Dios pone en mis brazos
para enseñarme a andar por el olvido,
no sé ni de quién es.
un ángel negro, una gigante sombra,
se me acercó a los ojos y entró en ellos
silencioso y tenaz igual que un río.
Todo lo destruyó con su corriente.
Los íntimos lugares más ocultos
visitó, alborotó, fue levantando
a otro mundo en los bordes de mi beso:
única flor aún viva en el espacio.
Luego en mi carne abrió sus amplias alas
–alas de luz y fuego de tristeza–,
clavándole sus plumas bajo el pecho,
todo temblor y anuncio de otras dudas...
No sé qué vida, así, podrá encenderme
la entrada de ese ángel.
Soy un templo
arruinado, desde que vino a mí:
farol vacío,
como puerta cerrada de lo eterno...
Y lo que fui, no sé; quizás lo sepa
cuando este cuerpo vuelva a abandonarme
y yo vuelva a nacer desde mis labios,
despegado al calor que hoy los concibe...
Mas ya, por fin, he detenido al día;
le he destrozado el corazón al tiempo,
aunque dentro de mí, como una daga,
siento el ángel crecer que me atormenta.
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en "Jardín cerrado", Losada, Buenos Aires, 1960.
(Fuente: Jonio González)
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