tres poemas
4
en
mi país nos encontramos en una encrucijada: no sabemos si es la calle
la que se parece a la cárcel o la cárcel la que se parece a la calle
~
6
¿debería haberme llegado la hora?
había,
perdón estaba habiendo o había habido, aun no sé si no hubiese sido
porque no estaba, cuando debía haber estado, habiendo estado después y
permanecido atónito por segundos que te parecen siglos o siglos que se
te empequeñecen a segundos, allí donde antes estuvieron y donde debería
haber estado, donde ahora no están aquellos que yo tenía que ver, pero
no vi, ni creo volveré a ver, porque se los llevaron y yo no estaba,
porque no llegué, más bien dicho llegué después, después de 15 minutos
que se los habían llevado, 15 minutos después de la hora que habíamos
quedado de acuerdo, 15 minutos, sólo 15 minutos después
~
2
antonio
arévalo yace en la superficie de mi escritorio fotocopiado varias veces
-eres arévalo fotocopiado- me digo mientras te miro tú me dices que no
bastan miles de fotos tuyas para alcanzar tu grandeza -eres nada más que
un muerto- un poco de ceniza; ex-comida de gusanos, abono para el nuevo
árbol -me digo para adentro- un muerto vivo entre esas fotos -rezongas
calladamente- no ves, respondo, eres arévalo fotocopiado yaciendo, hecho
imagen sobre la superficie de mi escritorio -soy uno, uno, gigantesco,
inmortal, me respondes- mientras yo apago el cigarro en una de tus
caras.
***
En La terre di nessuno. Poesie. Roma: Ensemble, 2017.
(Fuente: La comparecencia infinita)

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