La muerte de Apollinaire
no sabemos nada
no sabemos nada del dolor
la temporada amarga del frío
nos abre largos surcos en los músculos
él hubiera preferido la alegría de la victoria
nosotros con prudencia en la calma tristeza presos
no poder hacer nada
Si la nieve cayera para arriba
si el sol saliera en casa en mitad de la noche
para darnos calor
y los árboles colgaran con su corona
-único llanto-
si los pájaros estuvieran entre nosotros para verse reflejados
en el plácido lago que tenemos arriba der la cabeza
PODRÍAMOS ENTENDER
la muerte sería una larga y hermosa travesía
y una vacilación ilimitada de la carne de las estructuras de los huesos
Trad. Ezequiel Zaidenwerg
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