jueves, 2 de febrero de 2023

Ida Gramcko (Venezuela, 1924 - 1994)

 


CARACOL EL HERMANO,

 

el mismo yo, mas caracol. Concisa
su forma sigue sin barniz ni estrago
para que el hombre sufra un alma rica,
un alma suya en el vellón y el gajo,
íntima, inmensa, siempre en sed y ahíta.
Así construimos un lugar humano,
pero tan lleno de él como de brisa.
Inventamos
una pared de cal... ¡y tan distinta!
Un muro nuevo, ¿raro?
Sólo en su fresca soledad continua.
—¿Soledad, otra vez lo solitario,
otra vez la distancia? ¿Y la caricia?—
Cálmate, amor; lo nuestro es lo lejano,
toca el largo perfil, la piedra lisa
dice por voz de su vigor: yo te amo.
La forma singular es la infinita 
 
 
(De: "Cementerio judío" (Poemas, 1952))
 
* * * * *
 
 
¡Bienaventurados aquéllos que no han visto y han creído!
Nuevo testamento
SI COMO ÚNICO arroyo la presencia
afín hoy se me niega y la criatura
no está, ¿puedo negar la permanencia
de la unión esencial, máxima y pura?
Es veraz su absoluta iridiscencia
porque en lo temporal no es que perdura.
Divina luz no es cotidiana fluencia.
No se cultiva nunca. Está madura
desde su primeriza omnipotencia.
Inmóvil en su diáfana dulzura
nunca se da en la hora, en la elocuencia
mortal. Pues su gorjeo sin mesura
es como una infinita confidencia.
Silencio casi en su total ternura
Suavidad en su idéntica cadencia.
 
Lo máximo es lo íntimo. Murmura.
Así en medio del bosque y su turgencia
se escucha el agua clara en la espesura;
que todo ante la única inocencia
de lo divino, es como rama oscura.
Rumor de luz exacta en la conciencia
pese a no ver su fuente o su figura.
Lo humano es lo que tiene la apetencia
del vocablo, del cuerpo y la envoltura
por crecer en su móvil existencia.
Sacro mutismo, la quietud segura
de lo divino es hondo en su evidencia
sin clamar cada día por su altura
porque ésta se la siente sin su ausencia
y es cielo que, sin piel, se nos procura.
No veo hoy yo la fuente mas su esencia
se escucha en lo más alto y en su hondura.
Dentro se oye inmutable transparencia.
I esta unión, sin el ámbito, fulgura.
 
 
(De: "Lo máximo murmura" (1965))
 
* * * * *
 
 
 
No me sorprendería que de estos muros surgiera un manantial
M. S.

LO MILAGROSO

 
es que surja un vivir inusitado.
Que emerja un astro diáfano de un pozo.
Que en los desiertos se derrame un prado.
Pero todo prodigio numinoso
ha sido ante lo nuestro limitado.
¡Qué máximo portento luminoso
tendió su trigo diáfano y dorado
tan sólo en este encuentro fervoroso
lo mismo que un balsámico brazado!
Nunca fuera el fervor tan fabuloso.
Nunca lucero fuera tan legado.
Nunca, nunca, tan claro, tan copioso
el río por nosotros encontrado.
Lo divino jamás tan nemoroso.
El fulgor tan astral, tan espigado.
Se nos dio grácil, invisible gozo.
Nunca vi lo esencial tan destinado.
Mas¿a qué comparar? No hay prodigioso
suceso para ser relacionado
con este mutuo hallazgo soledoso
de un alma que se le ha identificado
al Sol, al Sol sublime y sonoroso
pues aureo lo vivimos y cantado.
No me sorprendería, cual tu brioso
decir lo dice, brioso y tan bañado
de luz, que un manantial vasto y brilloso
brotara de este muro y a tu lado.
Mas ese manantial maravilloso
sería etéreo, alígero y alado,
sería un haz de estrellas, un lumbroso
espiritual océano elevado.
Pues sobre el breve círculo terroso,
sueño fugaz o mundo confinado,
el Alto amor azul y esplendoroso
nunca fuera tan hondo y tan amado.
 
 
(De: "Salmos" (1968))
 
***
 
Los tres poemas fueron tomados de: "Antología de la Poesía Hispanoamericana Moderna II (Monte Ávila Editores Latinoamericana, USB-Equinoccio, Colección Altazor, Coordinación e introducción de Guillermo Sucre, pgs. 447, 454, 458-460)
 
 
(Fuente: José Luis Ochoa) 

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