viernes, 3 de febrero de 2023

Hanni Ossott (Venezuela, 1946 - 2002)

 

DEL PAÍS DE LA PENA

             "te enseñaré el miedo en un puñado de polvo"
                                                                       T. S. Eliot
 
 
 
¿Quién soy?... "¿La luz que ilumina está verja, esta tierra?"
 
¿Soy los árboles y las plantas? ¿Acaso el mar?
Soy colinas, riberas, agua bañada de luz
Soy un cuerpo cansado de tanta errancia
un cuerpo y un alma cansados del miedo
Soy el temor.
 
Desde lo profundo y oscuro escucho y tiemblo
Oigo lo profundo, lo oscuro, lo difícil
las contradicciones, todos los polos opuestos
las negruras, las blancuras, los intercambios
como si lo blanco reuniera a lo negro
como si lo negro reuniera a lo blanco.
 
¿Quién soy?
Primero una pena, luego el soportar.
Veo barcos, barcos múltiples que tocan mi orilla
Veo una casa destrozada por el dolor, demasiado cercana.
Los barcos relucen en la noche
—veo sus banderas
ellos son el arribo, la llegada
mas no la cura de la más antigua herida.
Veo barcos enfermos, antiguos, dolientes
y adentro muletas, invalidez, desazón.
 
¿Quién soy?
El sol me quema, incendia mi piel, ilumina mis ojos
Me vuelvo ardiente, soy ardiente
respondo con ardor a la canícula.
Yo te he buscado para saber quién soy,
y yo no sé quién soy
 
La hojarasca me ha arrastrado
Quizás para salvarme
Mi cuerpo está cubierto por una alfombra vegetal
la pelusa de las hojas me acaricia
me he hundido en lo verde
duermo, duermo, duermo
para que todo pase, para que todo termine de pasar.
 
Soy ahora el pájaro que enterré en el jardín
duermo bajo la tierra para que todo pase
quiero obviar el dolor y el horror. Olvido, olvido...
 
Pienso, ya no es tiempo de la resaca
cada ola me dicta una continuidad
nos la dicta
mi continuidad es una estación sutil, imperceptible
a los apresurados.
 
Tú llegaste del país de la pena. ¿Adónde, adónde?
 
El mar se abre en mí, vasto
para lavarme, regarme
poco a poco voy hacia él
con respeto.
Y lejos veo los barcos
barcos cargados de llanto, de indignación contenida
barcos magdalenas.
"¿Escribiste el poema, lo lograste hacer bien?
Te pregunto".
 
¿Quién soy? Te fui a buscar
Pero fue en Venecia donde te vi
Allí estaban tus cosas
manteles, bisutería, un granate, topacios
Venecia: reposo para la melancolía.
Padezco
 
¿Quién soy yo?
Quiero ir a la playa, quiero ver el mar
quiero ver la tierra estremecida por el amor del mar
adoraré la belleza, los esplendores
La ciudad me obliga a trabajar
y yo mientras tanto suspiro
suspiro.
Después de tanto dolor creo que las cosas se acomodarán
un remiendo por aquí, otro por allá
estoy extenuada
—tres años y medio de edad son suficientes
para entenderlo todo
vida, muerte, abandonos, distancias.
 
No soy hija de la guerra, suspiro...
soy nieta
Este pasado me lo voy a tomar lentamente, con demoras
(mi marido es humorista y ríe, ríe de mí y tiene razón)
También mi padre decía: "Hay que reírse"
pero no pudo reír, de tanta pena.
 
¿Quién soy? Creo que soy una trinitaria encendida
una trinitaria fucsia
colgando sobre el muro.
He colocado mi florecer sobre el muro
para que sea más hermoso
para que se suavice
quizás quiero ocultar u olvidarme
de esa piedra tan áspera. El muro.
El muro de Berlín.
 
No quiero el horror sino la tolerancia
la casa, amigos, libros,
el granate de amor, los hermanos.
Quiero que en mí se resuelva el mar, la hojarasca.
 
¿Dónde estás? ¿Dime, quién soy yo?
 
Los árboles están silentes, no hay grillos
sólo lo metálico suena
máquinas y dinero se dejan sentir
oigo carros y al fondo una huelga
¡nada pasa aquí!
pero las luces están encendidas
y el corazón arde.
Soy testigo de esto. Y de lo otro
Soy testigo.
No importa. Allí está la flor del apamate
Tú dijiste que era la flor del apamate.
 
He visto la flor del cerezo
era bellísima. Doctor, era bellísima.
Ah, tanto agobio, a veces carezco de fuerzas.
Todo lo que tenemos que cuidar: nosotros, la tierra, el alma
supongamos que la poesía también
y los niños, el niño en nosotros
la cocina, la lucidez en la cocina
la lista es demasiado larga
y es demasiado para nosotras
¿podrán los hombres ayudarnos?
¿oírnos?
demasiado peso
demasiado agobio.
 
Venecia, Venezuela
Suspiro, tiemblo, ardor
Mi marido trabaja y es de noche. Las gatas chillan.
Oigo el mar, la caracola me informa
No todo es resolución, pero algo debe resolverse
algo así como una paga
¿pero qué?, no sé...
 
¿Qué soy? Escucho algo en mí, una voz, quizás
algo que quiere salir
algo claro
que ahora no entiendo, que rumorea.
 
¿Soy de la Edad Media?
atrás están mis muertos
atrás y cerca
ellos, los dolientes
los que no entendieron el absurdo
su propio absurdo
los que no pudieron verse aún
ellos, los adolescentes
los que padecían, adolecían.
Una vez dije: El mar en mí no deja de dormir
Ahora lo sé,
sé qué significa la vigilia
estoy atenta
llevo algas apegadas a mi cuerpo.
 
¿Quién soy? ¿Una ruta? ¿Un camino?
¿Una carretera entre ciudad y ciudad?
¿Seré un intermedio, un lapso?
No la conciliación, no. Sino algo más
Veamos, debo clarificarme, o quizás no...
 
... He llorado. La tierra me sublima. Los vegetales
La carne
El hombre me sublima
y estoy por él más allá de él
entre cacharros y suspiros
Por ello lavo la casa
Y este grito solitario... ¿qué será?
Suficiente.
 
Es la luz de la Luna lo que hoy me ilumina.
noviembre 1985
 
 

Transcripción: José Luis Ochoa.
 
(Fuente: José Luis Ochoa)

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