sábado, 4 de diciembre de 2021

María Elena Walsh (Buenos Aires, 1930 - 2011)

 

SERENATA PARA LA TIERRA DE UNO

 

Porque me duele si me quedo

pero me muero si me voy,

por todo y a pesar de todo, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Por tu decencia de vidala

y por tu escándalo de sol,

por tu verano con jazmines, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Porque el idioma de infancia

es un secreto entre los dos,

porque le diste reparo

al desarraigo de mi corazón.

 

Por tus antiguas rebeldías

y por la edad de tu dolor,

por tu esperanza interminable, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Para sembrarte de guitarra,

para cuidarte en cada flor

y odiar a los que te castigan, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

 

LA VÍSPERA

 

Ya preguntaba por el mundo mío,

por la calle sin voz, por el pausado

retorno de la noche en el rocío

y por el aldabón desmemoriado.

 

Sorprendían los pájaros del frío

la soledad del parque ensimismado

y regresaba el nombre del estío

puntual como la sangre a mi costado.

 

¡Oh voluntad de estrella en la bujía!

¡Oh cortejo de llantos vegetales

que en el perfil del viento renacía,

 

cuando al temblar la savia en su retoño,

bajo un aire aturdido de panales

amaneció la infancia del otoño!

 

 

EL 45

 

Te acordás hermana qué tiempos aquellos,

la vida nos daba la misma lección.

En la primavera del cuarenta y cinco

tenias quince años lo mismo que yo.

 

Te acordás hermana de aquellos cadetes,

del primer bolero y el té en El Galeón

cuando los domingos la lluvia traía

la voz de Bing Crosby y un verso de amor.

 

Te acordás de la Plaza de Mayo

cuando «el que te dije» salía al balcón.

Tanto cambió todo que el sol de la infancia

de golpe y porrazo se nos alunó.

 

Te acordás hermana qué tiempos de seca

cuando un pobre peso daba un estirón

y al pagarnos toda una edad de rabonas

valía más vida que un millón de hoy.

 

Te acordás hermana que desde muy lejos

un olor a espanto nos enloqueció:

era de Hiroshima donde tantas chicas

tenían quince años como vos y yo.

 

Te acordás que más tarde la vida

vino en tacos altos y nos separó.

Ya no compartimos el mismo tranvía,

sólo nos reúne la buena de Dios.

 

 

(Fuente: La Parada Poética)

 

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