(Padre Julio que estás en lo eterno)
(Padre Julio que estás en lo eterno)
No supieron orar los cocodrilos
un miserere para tu osamenta
y la torre vacía hoy se lamenta
mientras gimen tus místicos sigilos.
Canta la murga en hilarantes hilos
que entoldan la satírica tormenta
donde tu corazón está a la venta
como una colosal Venus de Milo.
Pero el Parque Rodó no te conoce
más que por una calle y por un roce
de tu nombre que se alza entre lo triste
y ese bisonte que truena y embiste
a la tribu oficial de los idiotas
que no son dignos de lamer tus botas.
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