miércoles, 8 de diciembre de 2021

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

 

Belleza y fama
eran el manto
que anunciaban
los gatuperios
que la tía Agnetta
arbolaba a quienes
seguían sus dones
y se beneficiaban con ellos.
Astróloga nacida en Murazzano,
muy pronto fue reconocida
en la provincia y más pronto
en Italia y algunas islas aledañas
al principio reacias y luego
rendidas a sus pies.
La consultaban los monárquicos,
los republicanos, la izquierda,
la opuesta pero complementaria derecha,
los partisanos, los fascistas,
los hirsutos anarcos,
rosacruces, mormones, ateos, cristianos,
desahuciados, ricos, y muy ricos,
y público en general.
Pariciones, hueveos de toda laya, pronósticos,
diagnósticos, nudosos lechos del inconsciente,
adulterinas revolcadas, bebé nacidos de nalga,
tumores, arreglos prematrimoniales,
herederos dudosos, cosechas,
empachos, husmeos políticos,
vaticinios, pasado, presente y futuro,
errancias aéreas, llantos que se beben.
 
El barranco que abrió y cerró la guerra,
y algunos chanchullos no muy claros,
se llevaron las carradas de liras y especies
que atesoraba como su becerro de oro
y la llevaron al sur de Córdoba.
Y aquí el brillante zafiro de la suerte
se apagó.
La Vía Láctea mudó,
los puntos del cielo que guiaban
su aura y destino,
hicieron mutis por el foro.
Intentó otros sortilegios,
quiromancia, borras de café
y cuanta huevadita casera
se dan por efectivas,
pero los hados
se empacaron;
trabajó empleada cama adentro,
vendió las pertenencias
que escaparon de la ruina,
y un buen día otoñal,
Virgo en la casa de Capricornio,
Tauro en Sagitario,
Géminis en ninguna casa,
ceñida de gatos, trapos
y amuletos
se olvidó de respirar.
 
Su alma,
como inminencia y consuelo,
sus caracoles e inciensos,
su voz embelequera y segura,
su presencia luciente,
su geometría estimulante,
yacen boca en tierra,
al acaso de las cuatro direcciones
que señalan la Cruz del Sur.
 
 

- Inédito-

 

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