Soneto al grillo del poeta
A mis hijos
No es tu grillo, Nalé,
tampoco el mío
este grillo que escucho
aquí, en mi hueco,
dándole a clavo estéril
golpe seco
y a caliente lugar punzón
de frío.
Aquel otro, sonoro
desvarío,
gota de yunque, cuerda
para el eco,
se murió en mi niñez, como
un muñeco
que atravesaran balas de
rocío.
Igual mi corazón, igual la
mano,
la estrella, el ademán. El
hombre sabe
que el verde, para abril,
será amarillo.
Y, sin embargo, con el
gesto cano,
sigo pensando que este
grillo en clave
es tu grillo, Nalé, mi
eterno grillo.
(De Los poetas no van al cielo)
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