lunes, 11 de mayo de 2020

Robert Creeley (EEUU, 1923 - 2005)



La flor


Pienso que crezco en mí tensiones
como flores
en un bosque adonde
nadie va.
Cada herida es perfecta,
se encierra a sí misma en un pequeño
imperceptible pimpollo,
produciendo dolor.
El dolor es una flor como esa
como esta,
como aquella,
como esta.


La lluvia

Toda la noche el sonido había
regresado nuevamente,
y nuevamente cae
esta tranquila, agua persistente.
¿Qué es lo que soy  para mí
que debe ser recordado,
en lo que se debe insistir
tantas veces? Es acaso
que nunca  la serenidad,
incluso la dureza,
de la lluvia cayendo
habrá de tener para mí
algo distinto de esto,
algo no tan insistente—
habré de ser encerrado en esta
incomodidad final.
Amor, si me amás,
recuéstate a mi lado.
Sé para mí, como la lluvia,
el salirse
del cansancio, de la vanidad, de  la semi-
lujuria de la indiferencia intencional.
Permanece mojada
con una decente felicidad.


La ventana 

La posición es donde
la colocás, donde está,
acaso vos, por ejemplo, ese
tanque grande allí, plateado,
con la iglesia blanca a su
lado, levantaste
todo eso, ¿cuál fue el
propósito?  Qué
pesado el lento
mundo es con
todo colocado
en su lugar. Algún
hombre pasa caminando, un
automóvil  a su  lado sobre
el caído
camino, una hoja de
color amarillo va a
caer. Todo cae en
su sitio. Mi
rostro  pesa
con esa vista. Puedo
sentir mi ojo romperse. 

(versión EM-POR)
(Fuente: Alpialdelapalabra blog)

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