miércoles, 13 de mayo de 2020

Guillermo Chirinos Cúneo ( Perú, 1946 - 1999 )




GATOS NOCTURNOS 

 
 
Era una voz de uranio, una ronca voz de asfalto, como de rosas aplastadas por las bocas mugrientas. Y le advertí celestemente que un pobre muñeco antiguo se divertía en sus bigotes. Y el vaso azul, en la ceja llena de cerveza, respondía a la ciudad ebria, pordiosera del alto hermano bajo letrinas.
El poema entonces quería morir. La primavera nocturna lo llevaba hasta un viento de túnicas y muerte, pero sucede en nuestras ramas que corrimos huyendo de los lechos: volamos casi sobre esas hierbas de la noche, vociferaríamos quizá a muchos parques de Lima la caída de nuestros ciegos dulces gatos cimarrones.
 
 
 

POEMA ROJO EN LA CIUDAD

 
 
En faro y mar y viento inacabables
Mujer de sal y paka y viento cálido
De poseer tu trompa atada en el instante.
Ah, sería alto una sed… de apache insomne!
Mujer de arroz y paja y musgo suave,
En coral de luna ortiva y nebulosa,
en crepúsculo azul y pálido,
mujer de anís y olor de alondra…
Ah, sería alto morder tu rosa esfera!
Sed de arrancar la hierba boca entre tus piernas,
de poseer tu cuerpo en yeso y en pecado.
Oh piel roja de arcos tibios y en campanas!
Ah, sería alto un cáliz golfo entre las rosas!
Mujer de hastío y paja y cal y escama.
Ebria y sed terrena de candidez y virgen.
Pescadora de remos blancos en un bote violento.
Ah, sería alto morder el mundo en tu mundo.
 
 
 
 

EL SISMO

 

 
Oh cerebro nervio, espectro y aterrante,
Vomitas rojos rudos y azules luciferes!
Oh carne de temblor cerebral...!
Oh araña de sol en las paredes del polen!
Grita un niño enfermo, pávido,
La bruja ebria de lotos venenosos viene.
(Trotante noche embolia sobre un pulpo de hojas azules).
Una luz de horror en la sombra de estío.
Espectro bohemio en el cisne, es la nieve nocturna,
Rosa pálida en la luz.
Oh cerebro, oh cerebro inextricable,
Oh círculo de ondas rojas y truenos en la noche!
Alegría! Oh alegría del ogro musgo en el cielo!
Tractores. Lenguas sangrientas en cauces parlantes.
Alaridos de los gnomos nemorosos, ringleteantes.
Oh nudo de cables, ferrocarriles, ferrocarriles…!
Oh alambres rojos y violentos, en la cárcel zurda de los
Cerebros aterridos! Tranvía deshilachado en metales blancos,
Pálido, loco, oh loco! Moho perverso, enclenque, derrumbado.
Un lirio enrojecido en los ojos.
Oh fierros torcidos y fornicadores con una rosa negra y erecta
En el vientre fiero!
Grita un niño enfermo y las telas de calor, vibran.
El cerebro estallado con sus ojos violeta,
Contempla -erizo y tromba áurea- el cráter de la luna negra.

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