miércoles, 8 de febrero de 2023

J. K. Anowe (Nigeria)

 

Elogio de los hombres sin un peso pero vanidosos 

 

Dar puede ser incluso una especie
de egoísmo. Si yo hubiera sabido que mi cuerpo también

se iba a dispersar si me acercaba, hubiera dejado en paz
a ese quinteto de golondrinas en el alféizar de mi ventana, reflejos

que devolvían los picotazos con curiosa vehemencia. En una charla
sobre el matrimonio, mi papá deja de lado el amor, me recomienda

una pareja diametralmente opuesta: alegre tosca
femenina. Sobre la lealtad & a quienes más pudiera eso

importarles, lo recomienda todo,
salvo un país. Desde mi mamá & su filia por la plata hasta la gravedad

que mantiene a los muertos con los pies en la tierra, a los vivos
menos petrificados. Al principio, el afecto es inmaterial antes

que cualquier cosa; tal vez el ingrediente de un plato
que se sirve frío. Cada trago de agua baja como pies doloridos

sobre escalones con clavos: dedos de muertos que hurgan
en busca de un dialecto de estrellas fugaces. Pero qué pasa

con el cielo nocturno si la luna se para por ejemplo, una oda
a los dioses menores de la noche. Nada tartamudea ábrete sésamo

más despacio que un loop en tiempo prestado.

 

Trad. Ezequiel Zaidenwerg

 

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