jueves, 2 de febrero de 2023

Irma Verolín (Buenos Aires, 1953)

 


PLEGARIA DEL REGRESO

 

Volvió desde su muerte
mi madre
joven
perfecta
como era entonces. Ocurrió ayer.
 
Yo estaba sentada
con los codos apoyados
sobre mi rústica mesa
la mirada perdida
mientras mi dedos deshacían
miguitas de pan. Laxa la miga
se ablandó entre mis dedos
hasta que por fin
dejé despanzurrado y pura costra
el básico alimento de Dios. Entonces
apareció ella.
 
Al verla
amé más que nunca
ese cuerpo de madre
generoso
hecho de luz y torbellinos.
 
Si nos hubiésemos parado frente a un espejo
ella bien podría haber sido mi hija
o yo misma
treinta años atrás. El amor
entre nosotras
se ha mantenido
intacto
como intacta es su carne
para siempre
desde que tengo recuerdos.
 
Abastéceme madre
con tu mirada
dame de comer
de beber
haceme dormir en la suavidad de tus palabras.
 
Buscame mil veces porque sigo perdida
arrópame
amamantame, madre, con el relato de un cuento
cerrado en un final feliz.
 
Mi hambre ha crecido demasiado
y en su desmesura
se ha tragado mi vida entera.
 
Esta,
la única vida que tengo
la que me diste
el mejor regalo que alguien puede recibir
y ha sido desperdiciada en el tiempo de esperarte.
 
Aun así
estoy en el centro de los acontecimientos, madre,
respiro en la esfera hueca de mi vida
con la dificultad de los recién nacidos
ahora
que regresaste.
 
La distancia inventada
por ese lugar al que te fuiste
fomentó mi hambre
con su maravillosa crueldad.
 
Te miro y no puedo creerlo
mis ojos mienten
dice la memoria de mis ojos
y se repite en un rezo infinito
que se pliega en mis células
para llegar hasta el principio
donde muy juntas
quedamos atrapadas
las dos
en el embrión de tu muerte.
 
El aire permanece alborotado
después de tu visita
cuesta respirarlo:
ya no deseo más que adormecerme
en el eco de tu nombre.
 
 
(Fuente: Daniel Rafalovich)

 

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